En los años 60, el Laboratorio Nacional de Oak Ridge en los Estados Unidos desarrolló y operó con éxito un reactor de sal fundida durante cinco años. Demostró que se podía generar energía de aquella forma, pero la administración Nixon no lo vio con buenos ojos: el reactor de torio y sal no producía plutonio, un material que podía se utilizado en armas nucleares y que en plena Guerra Fría era muy codiciado. Así que Nixon canceló el proyecto.
Medio siglo después, en 2011, con una demanda energética creciente, China recuperó esa idea y puso en marcha un proyecto de I+D , liderado por el Instituto de Física Aplicada de Shanghai (SINAP), para desarrollar un reactor de sal fundida de cría de torio (Th-MSR o TMSR), proyecto que hoy parece haberse convertido en una realidad.
La clave: el torio es un metal muy abundante, digamos que casi infinito en la corteza terrestre. Sometido a un proceso en sal de fluoruro líquida, se convierte en uranio y ahí comienza la fisión y por tanto la capacidad de generar energía.
Parece que el reactor es mucho más seguro al operar a presión atmosférica y que los residuos tienen una vida de eliminación de 300 años, frente a los miles de años de los residuos clásicos nucleares, además de producir mucho menos subproducto.
En breve empezarán la construcción de un reactor de 373MWt (por tener una referencia de cuánta energía es esto, la granja solar más grande de España, Cifuentes-Trillo en Gualdalajara, produce 626MW).
Qué momento de cambio estamos viviendo.
Apasionante.
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