Mi primer recuerdo de esta obra es la serie animada de La vuelta al mundo en 80 días de Willy Fog, coproducción hispano-japonesa promovida por RTVE, en la que los protagonistas son animales antropomorfizados y la banda sonora era de Mocedades. ¡Qué recuerdos!
A pesar de que Julio Verne es uno de mis escritores favoritos, este libro no lo había leído, siempre me decanté más por su obra más fantástica, la que, para mí, fue la precursora de la ciencia ficción.
En este libro Verne, en lugar de imaginar tecnologías y proyectos impensables para la época, narra un viaje en el que describe todos los medios de locomoción de aquel momento. Es un reflejo fiel de la época, no solo en tecnología, sino en temas geopolíticos y sociales. El club Reform parece la máxima expresión de la alta sociedad del s. XIX londinense, las colonias británicas muestran el imperio a lo largo de todo el viaje, solo se salen de allí para pasar por Japón, y el sacrificio humano de Aouda que evita Fogg, muestra unas tradiciones que, aunque parezca mentira, seguián vivas hace menos de 150 años.
Igual que ‘La flecha negra’, Verne también publicó esta obra por entregas en 1872, año en que transcurre la novela, con la genialidad de que cada entrega coincidía con el día exacto del viaje de Fogg, como si se tratase de un corresponsal. De tal forma que la última entrega, el día 22 de diciembre cuando termina la apuesta de Fogg con sus compañeros del club Reform, los lectores de Le Temps, al abrir el periódico, es cuando descubren si Fogg había llegado a tiempo.
Un libro muy entretenido, con dos personajes muy característicos. Fogg con su flema inglesa y su puntualidad que marca con horas y minutos todo el relato y Passepartout, un ingenioso francés que salva a su jefe de infinidad de apuros.
La anécdota de este libro está en la palabra Macintosh. Al leerlo en el pasaje en que Fogg, meticuloso como siempre, coge su macintosh, pensé: es portatil no es y efectivamente, el término viene de Charles Macintosh, un químico escocés que inventó un tejido impermeable recubierto de caucho en el siglo XIX. Así que Fogg, siempre meticuloso, se estaba preparando para la lluvia con su elegante y práctico abrigo.
Y la segunda anécdota es que Julio Verne se inspiró en ‘La vuelta al mundo en 120 días‘, un relato de Edmond Plauchut aparecido en 1871 en La revista de los dos mundos, donde se narraba un viaje que partía de Marsella, pasaba por Ceilán y Hong Kong, alcanzaba San Francisco y recorría América Central antes de regresar a Francia.
Autor: Julio Verne
Nºpags: 432
Editorial: Austral
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