¡Que le corten la cabeza!

Hashem Al-Ghaili da un paso adelante: de comunicador digital a emprendedor transhumanista, con su sueño de Brainbridge: transplantes de cabezas para conseguir la inmortalidad.

La mitología griega creía que Zeus encargó a Prometeo y a su hermano Epimeteo crear las criaturas que poblarían la Tierra. Prometeo intentó crear un ser vivo a imagen y semejanza de los dioses, igual que Jehová lo hizo con Adán. Desde entonces el ser humano ha soñado con ser Dios y crear vida a su imagen y semejanza: desde el Golem de los judíos en el siglo XV, pasando por el Frankenstein de Mary Shelley, hasta los robots humanoides del s.XXI.

Al-Ghaili toma el testigo en este sueño de ser Dios con un proyecto que aúna robots, inteligencia artificial, biogenética y, desde mi punto de vista, mucha ficción. No sé si de verdad van a intentar conseguir financiar esta idea que, por el momento, no va más allá de una página web y un vídeo (al estilo de los cortos que publica Al-Ghaili en redes) o si no hay ninguna intención en financiar Brainbridge y las notas de prensa son marketing para la marca personal de Al-Ghaili.

BrainBridge afirma que su solución permitiría a personas con parálisis conseguir movilidad, pero también podría emplearse para cambiar de cuerpo llegados a una determinada edad y perpetuarse ad eternum. Esos cuerpos a los que se anexaría la cabeza, ¿serían creados de forma artificial in-vitro, serían clones humanos concebidos para cortales las cabezas cuando su dueño lo requiriese, serían personas en situación de vulnerabilidad a las que se les compra la vida o directamente tráfico de personas como existe hoy en día en el tráfico de órganos?

La ética detrás de todas las iniciativas transhumanistas está en tela de juicio. Todas ellas, escudadas en el progreso médico, abren la puerta a que élites sin escrúpulos puedan explotar al ser humano en beneficio propio para conseguir la inmortalidad y el control de los recursos.


Descubre más desde Sylvia García

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Un comentario en “¡Que le corten la cabeza!

Deja un comentario