La ridícula idea de no volver a verte

El marido de Rosa Montero murió en el año 2009. Cuatro años después, aún en su propio duelo, a la autora le hicieron llegar el diario de Marie Curie, el que escribió tras la muerte de su marido, Pierre Curie. De esa lectura nace esta novela, una reflexión existencial sobre temas que en ese momento danzaban por la cabeza de la escritora.

Cada uno de los temas tiene su hashtag, con un índice al final del libro: #Ambicion, #Coincidencias, #CulpadeLaMujer, #HonrarAlPadre, #LugarDeLaMujer… Y el tema central de la pérdida de un ser amado y de cómo te hace sentir.

La escritora no busca compararse con Marie Curie. Expone lo que fue su vida, desde el estudio de distintas biografías, y lo que debió sentir tras perder a su esposo, su amigo, su confidente, su colega de investigación. Este intentar recrear lo que fue, la lleva a reflexionar sobre su propio yo. Y comparte esas reflexiones de forma magistral. Rosa Montero construye una novela que suena a confidencias. A una charla delante de un café (#Intimidad es uno de sus hashtags).

Desde el momento en que la empiezas no puedes parar de leer. Sería como interrumpir a tu interlocutor cuando te está abriendo el alma y empatizas con lo que cuenta. Reflexionas y quieres más.

He disfrutado con el libro entero, pero me gustaría compartir tres pasajes que me han llegado de forma especial.

Con los años, tengo la creciente sensación de que hay una continuidad en la mente humana; de que, en efecto, existe un inconsciente colectivo que nos entreteje, como si fuésemos cardúmenes de apretados peces que danzan al unísono sin saberlo.

p. 142

El arte en general, y la literatura en particular, son armas poderosas contra el Mal y el Dolor. Las novelas no los vencen (son invencibles), pero nos consuelan del espanto. En primer lugar, porque nos unen al resto de los humanos: la literatura nos hace formar parte del todo y , en el todo, el dolor individual parece que duele un poco menos. Pero además el sortilegio funciona porque, cuando el sufrimiento nos dobla el espinazo, el arte consigue convertir ese feo y sucio daño en algo bello.

p.119

Para vivir tenemos que narrarnos; somos un producto de nuestra imaginación. Nuestra memoria en realidad es un invento, un cuento que vamos reescribiendo cada día (lo que recuerdo hoy de mi infancia no es lo que recordaba hace 20 años); lo que quiere decir que nuestra identidad también es ficcional, puesto que se basa en la memoria. Y sin esa imaginación que completa y reconstruye nuestros pasado y que le otorga al caos de la vida una apariencia de sentido, la existencia sería enloquecedora e insoportable.

p. 117

Seguro que estas navidades se lo regalo a alguna amiga para que no encuentren la excusa de no leerlo.

Autor: Rosa Montero

Editorial: Booket

Nº pags.: 240

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