Barkeno, condensándose

Imagen de Sarah Richter

Desde que terminé de escribir Maherit he estado dándole vueltas a su continuación. Los que lo habéis leído sabéis que la historia no acaba con la la primera novela, no solo por que el final invita a continuar si no por que algunas de las citas con las que abro cada capítulo dejan intuir que Maherit no es la única ciudad transhumanista.

La Confederación existe y la segunda parte (y final de la saga) se desarrollará en Barkeno.

La idea de los círculos del desierto nació en la estepa castellana. Divagando sobre hasta dónde podría llegar la desertización de la tierra donde están mis raíces y cómo sería la vida allí. El mundo imaginario de esta saga germinó en una semilla segoviana que pasó por guerras, aniquilación y un severo desastre medioambiental para crear el mundo distópico de Maherit, en un lugar que bien podría ser la estepa central de la península Ibérica en un futuro imaginario. Por ese motivo, la ciudad que encuentra Elia cuando viaja al sur se llama Maherit, un guiño al nombre árabe de Madrid para situarnos en un marco geográfico similar al de la capital.

Cuando la idea creció, tuve claro que la segunda parte se tenía que desarrollar cerca del mar. Para descubrir otra de las ciudades de la Confederación, Barkeno, y a los círculos del mar: Protectores de la Madre, igual que los del desierto, pero que viven en un mundo de agua.

Dentro de la península, mi viaje me llevó al noreste, hasta el área de Barcelona. Donde viven los círculos del mar y entran en conflicto con otra megaurbe: Barkeno, el nombre íbero de la ciudad condal.

Y aquí entra lo que comenté en mi entrada de Avatar, el sentido del agua. Cuando empecé a documentarme para crear la sociedad de los círculos del mar, la primera referencia que me vino a la cabeza fueron los polinesios, navegantes consagrados que, hace siglos, vivían durante meses en sus barcos. Tienen una estética cargada de fuerza, gracias a sus tatuajes, y unas tradiciones que les ligan al mar y a los seres vivos que habitan en el agua, en especial a las ballenas. Así encontré una película preciosa, La leyenda de las ballenas (de la directora Niki Caro), que narra una historia sobre el vínculo entre los maorís y estos mamíferos.

Después de ver Avatar, que en esta segunda parte nos muestra a los Na’vi que viven en los arrecifes y que llevan tatuajes maorís, me queda claro que he seguido un proceso de documentación similar, aunque yo (menos mal después de ver Avatar) desligué Barkeno de la influencia polinesia.

Cuando avancé en la creación de personajes de Barkeno, decidí que la base para la sociedad de los círculos del agua no fuesen los maorís, aunque algo quedó. En concreto, los jinetes de ballenas inspirados en la película de la leyenda de las ballenas y unos personajes, a los que he llamado anemois, que tienen unos tatuajes alrededor de su boca, similares a los de las mujeres maorís.

La escaleta está y voy por el cuarto capítulo. Espero contaros mi progreso, en el que seguro que no faltan bloqueos (que ya ha habido), sorpresas y cambios sobre el plan.

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