Cuando se supera el test de Turing

En octubre de 1950, hace ahora 76 años, Alan Turing, un matemático inglés que durante la segunda guerra mundial logró descifrar la codificación del ‘Enigma’ alemán, publicó un artículo titulado «Computing Machinery and Intelligence». ¿Pueden pensar las máquinas? Cuando aún la computación estaban en pañales, Turing planteó que en el año 2000 los ordenadores habrían adquirido tal inteligencia que serían capaces de pasar por humanos en el 70% de las iteraciones. La prueba que él ideó se basaba en el juego de imitación, un hombre y una mujer están en habitaciones separadas y pasan notas a un espectador externo que debe adivinar quién es hombre y quién mujer, intentando el hombre pasar por mujer. De ahí lo llevó a que en lugar del hombre fuese una máquina y estuviese intentando hacerse pasar por humano. Muy simplificado, es lo que se conoce como el Test de Turing.

Unos años después, en 1968, Philip K. Dick escribió la novela corta ‘Sueñan los androides con ovejas eléctricas’. En la novela existen replicantes, máquinas indistinguibles del ser humano a los que hay que dar caza. Cuando se localiza a un posible replicante se somete al Test Voight-Kampff, basado en la idea del Test de Turing, pero ficción pura. Esta novela sirvió de inspiración a Ridley Scott para rodar una de mis películas favoritas: Blade Runner. La película comienza con una escena en que un blade runner (policía especial que persigue a los replicantes) está haciendo el test voight-kampff a alguien que parece humano, pero que resulta no serlo.

En la película y en la novela los replicantes, robots humanoides, han desarrollado inteligencia y son indistinguibles.

Hoy leo está noticia de la empresa Tavus en que asegura que su modelo Griffin ha conseguido superar el Test de Turing. Es más marketing que otra cosa, porque desde 1950 ha llovido mucho y el Test de Turing ha quedado obsoleto, pero el concepto sigue siendo aplicable y es una disquisición filosófica que ha acompañado al desarrollo de la informática y, en especial, al de la Inteligencia Artificial, al igual que otras cuestiones de qué es realmente una IA o como dice ahora Trump, una superinteligencia, si pueden llegar a ser personas digitales con sus propios derechos, si sienten…

Con el crecimiento logarítmico de las capacidades de la IA todas estas cuestiones están sobre la mesa, pero no parece que ningún estamento quiera explorarlas en detalle. Por supuesto no hay consenso para frenar el desarrollo y garantizar la seguridad de las operaciones que ejecuten las IAs (cada vez con mayor autonomía y capacidad de ejecución). Así que quien sabe si estamos gestando hoy el Blade runner del mañana.

Un momento apasionante en el que el ser humano demuestra que sus prioridades giran entorno a la acumulación y no el sentido común, que como leí por ahí, es el menos común de los sentidos.


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