Las ratas

Hoy hablo de nuevo de una relectura, de la época del instituto, de la que recordaba, solo vagamente, a su protagonista, el Nini.Delibes describe un pueblo del interior de Castilla con tanta vividez que, durante la lectura, parece que estuvieses recorriendo las calles sin asfaltar y las laderas secas y yermas de ese rincón del mundo.
Sus personajes cobran vida con fuerza, con realismo, con la dureza intrínseca de los pueblos de Castilla durante los años después de la guerra, cuando comienza la apertura al turismo, la emigración a los núcleos urbanos y el vilipendio del mundo rural, de sus usos y costumbres y de sus gentes.Entre la desolación, la pobreza, los rigores de una vida empeñada en los designios de una meteorología voluble e impredecible, que puede arruinar la vida de familias completas, surge el personaje de un niño que encarna la inocencia y el bien. El Nini, conectado a la Tierra, entiende a la madre naturaleza y ayuda a los vecinos a sobrevivir en un entorno adverso. Vive en una cueva, junto a su padre el Ratero. Asume su destino sin culpar a nadie, sin rencor, sin ánimo de revancha o codicia. Vive el ahora, acepta sus circunstancias (que son francamente duras) y elige disfrutar y ver la parte buena de lo que le rodea, además de ayudar sin esperar nada a cambio.

Si ‘Diario de un cazador’ era una recomendación, este es casi una obligación: por la maestría con la que está escrito y por que nos habla de nuestro pasado, de nuestra raíces, nuestro orígenes. España, hace solo cincuenta años, era eso. Olvidar de dónde venimos, nos impide saber hacia dónde vamos.
Miguel Delibes publicó ‘Las ratas’ en 1962. En 1952 fue nombrado subdirector del periódico El Norte de Castilla. Empezaron entonces sus enfrentamientos con la censura que no le permitía publicar artículos sobre la realidad del mundo rural castellano. En 1958 le nombran director y su lucha con la censura continúa y se agrava.
Sin embargo, con su obra literaria, Delibes encuentra la vía de denunciar la situación del mundo rural a través de la ficción. Después de que ‘Las ratas’ viera la luz, tras muchas desavenencias con Manuel Fraga, ministro de Información y Turismo en aquella época, Delibes tuvo que dimitir de su cargo en el periódico.
Su voz, su denuncia y su crítica continuaron escuchándose. Comenzó una etapa de proyección internacional que le ayudó a que su mensaje tuviese alcance mundial, un mensaje que sigue vivo, un mensaje que no se quiso escuchar y que nunca encontró apoyo institucional. Si lo hubiese hecho, quizás hoy, el mundo rural castellano no sería un erial, sujeto a leyes y políticas dictadas desde despachos urbanos que ni entienden el funcionamiento de la España rural ni lo comparten ni por supuesto lo apoyan. De las confesiones de Delibes a César Alonso de los Ríos:

«En cierto modo Las ratas y Viejas historias de Castilla la Vieja son la consecuencia inmediata de mi amordazamiento como periodista. Es decir, que cuando a mí no me dejan hablar en los periódicos, hablo en las novelas. La salida del artista estriba en cambiar de instrumento cada vez que el primero desafina a juicio de la administración.

[…] Yo intenté hacer compatible la estética con la denuncia de los problemas. Fue una visión literaria de todo lo que quise decir y no pude. Las ratas, sin ninguna duda, es un libro mucho más duro que los artículos que publicamos en El Norte de Castilla.»

Autor: Miguel Delibes
Nºpags. 174

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