Marte rojo, Marte verde, Marte azul
Buceo en mis vacaciones
Como he puesto en otras entradas del blog, he estado de vacaciones, en concreto en Menorca, un destino, que sin duda, recomiendo a los que no lo conozcais. Es una isla cuidada, no está masificada, la arquitectura con reminiscencias inglesas es elegante, tiene una magnífica gastronomía, mucha historia, grandes tradiciones (el jaleo es impresionante) y una costa espectacular, con sus características calas del sur, y sus salvajes costas del norte.
Pero lo mejor de Menorca no está en la tierra, sino en el mar. Llevo yendo a Menorca 8 años seguidos y la visité por primera vez hace 20. Si tuviese que valorar el deterioro de su flora y fauna marina en estos 20 años mi valoración sería negativa, pero este deterioro no sólo ha ocurrido en Menorca, sino en el mundo entero y a pesar de ello, tengo que decir que Menorca para el buceo, sigue siendo un destino perfecto.
Además la costa es rica en cuevas y grutas, grandes y pequeñas. Para todos los gustos y todos los niveles de buceo.
Hay vida, no de grandes especies, pero abundan los meros, pulpos, barracudas, morenas, sargos, pargos, reyezuelos, 3 colas… y también bastantes nudibranquios. La vaquita suiza y las clavelinas son los más fáciles de encontrar. Y aunque escaso, y no siempre en el mejor estado, también hay coral rojo.
Castilla
Recuerdo de mi niñez
un mundo que era amarillo,
el trigo que el sol doraba,
y las flores del estío.
Un mundo que se extendía
más allá de lo infinito.
Un horizonte cubierto
de un cielo añil blanqucino.
Cielo que corta montañas,
y que empobrece los ríos.
Recuerdo también senderos,
de tierra, graba y espinos,
caminos sedientos de agua
recubiertos de tomillo.
Trazados que columpiaban
sus negras hebras de hilo,
y aquellas sendas reptiles
de contenido vacío.

Recuerdo la sequedad.
Un río que no era río,
sino una senda más verde
que el resto, que era amarillo.
Recuerdo tan añorado,
que dibujara el destino,
al legarme la belleza
de su tierra de castillos.
Yubartas en los Silver Banks
De mis viajes de buceo, el que más me ha impresionado ha sido el de los Silver Banks, y eso que en los diez días que estuve allí no caté el aire comprimido.
Los Silver Banks o Bancos de Plata pertenecen a República Dominicana y fueron declarados reserva en 1.986. Dentro de las migraciones de las ballenas jorobadas, este lugar es uno de los santuarios para su cría y apareamiento. El acceso a la reserva está sujeto a la petición de un permiso a las autoridades y las inmersiones con botella están prohibidas para evitar el acoso a las ballenas y a sus crías.
Salimos del puerto de Sosúa, en Puerto Plata, por la noche y tardamos unas 8 horas en llegar. Los Silver Banks están en mitad del azul, pero tienen una zona de bajíos que permite a las embarcaciones autorizadas fondear. Al levantarnos la primera mañana, ya estábamos fondeados y después del desayuno nos preparamos para la primera salida en busca de las ballenas.
Ibamos en dos zodiac, cada una de ellas salía en una dirección y gracias a que las ballenas tienen que salir forzosamente a respirar, con tiempo y atención, terminas viendo las columnas de agua que suben verticales hacia el cielo, o una aleta caudal, o una blanca aleta pectoral. Esa es la boya que marca al patrón dónde debe dirigir la zodiac.
Cuando ya estábamos cerca de las ballenas apagábamos el motor y con cuidado y mucho sigilo uno o dos entrábamos al agua y nos acercábamos muy despacio a las ballenas. Normalmente eran madre y cría, por lo que mucho de los acercamientos, terminaban con una madre asustada, que agarraba a su cría con una de las aletas pectorales y se marchaban con una agilidad y a una velocidad que sorprende en animales tan grandes.
Sin embargo, muchos de los acercamientos terminan en encuentros. Si la madre está relajada y no ve un peligro para ella o su cría, el encuentro se cierra, y el observador pasa a ser observado. Los ojos de las ballenas están llenos de expresión y siguen aquello a lo que miran, de la misma forma en que lo hacemos los humanos.
En uno de los encuentros, me quedé al lado de una de las crías. Tuve que contenerme para no tocarla, porque estaba a menos de 50 cm. Las crías son curiosas, y quieren explorar y descubrir el mundo. Así que en ese encuentro, lo primero que hizo fue mirarme. Nos quedamos más de un minuto mirándonos y cuando tácitamente decidimos que no íbamos a hacernos daño, comencé a girar sobre mí cuerpo, imitando el baile de cortejo que los machos de jorobada ofrecen a las hembras.
El vínculo estaba establecido, y la cría imitó mis movimientos, girando sobre su cuerpo con las dos aletas pectorales extendidas, mostrándome su blanco vientre estriado. Yo reí de alegría y sentí una paz y una conexión con la naturaleza, que en muy pocas ocasiones he sentido.
La madre debió pensar que su retoño había cruzado una línea excesivamente peligrosa, porque empezó a emitir sonidos agudos, que me recordaron a los sonidos que oyes en un parque, cuando una madre, en cualquier idioma, avisa a su hijo de que se puede caer, o hacer daño, o de que se ha ido excesivamente lejos.
Mamá ballena se acercó a su cría, emitiendo aun esos sonidos con el tono universal de una regañina. Levantó su aleta pectoral izquierda y cogiendo a su retoño giró y rompió el vínculo que inocentemente habíamos establecido.
Hubo muchos más encuentros en los 10 días que estuvimos, todos ellos llenos de magia. En algunos reí, en otros lloré de alegría, otros me embriagaron por su ternura, los cortejos de los machos sobrecogen, pero la sensación que subyace a todos ellos es PAZ.
No es un viaje barato, pero por la experiencia que vives, si lo comparo con otros viajes que pueden tener el mismo precio, merece claramente la pena.
El quinto día

Me lo dejó un buen amigo y sólo me dijo: «creo que te va a gustar». Afortunadamente la contraportada cuenta poco del argumento, lo que deja abierta la puerta a la imaginación, para intentar desarrollar la historia mientras que vamos leyendo.
Lo que más me ha gustado es cómo conjuga los datos científicos con los de ficción, para crear un escenario que a ninguno nos gustaría vivir, pero al que vamos dando pasos de forma inexorable.
La Tierra es el planeta azul, casi tres cuartas partes de su superficie están cubiertas de agua, y los que vivimos fuera del azul, usamos esa vasta extensión de vida, como vertedero.
Quizás el libro plantee una situación extrema, pero quizás sea necesario plantear situaciones extremas para que todos, tomemos conciencia del ritmo de destrucción del planeta que hemos cogido en las últimas décadas.
A cualquiera que le guste el mar, le recomiendo este libro.
Está bien escrito, tiene ritmo, intriga, soporte científico de los datos, y además el autor ha hecho muy buena elección de las ubicaciones (Tofino, la Palma, las rocosas canadienses, plataformas noruegas en el mar del norte, ártico quebequense…) lo que hace, aun si cabe, más amena su lectura.
Leedlo, creo que os va a gustar.
La Boda de mi Novia

Ayer estuve viendo esta película, en lo que parecía un pase privado, muy VIP. No éramos más de diez personas en la sala, lo que me hace pensar ¿cómo sobreviven los cines en España?. Pero este no es el tema. Mi opinión de la peli……
Una comedia romántica que deja mucho que desear. El inicio recuerda vagamente a Cuando Harry encontró a Sally, pero se queda en eso, un vago recuerdo.
Más allá del atractivo de Patrick Dempsey y la intervención del ya difunto Sydney Pollack, la película recurre al patrón estándar de este tipo de género; un argumento que se va liando cada vez más, repleto de situaciones absurdas (reconozco que arrancan alguna carcajada de vez en cuando), que llevan a precipitar un final en el que los guionistas se esfuerzan por arreglar todos los despropósitos encadenados, para que la historia termine como un cuento de hadas; los protagonistas comen perdices y viven felices, y de alguna forma conseguir que el espectador no salga odiando a los personajes por su infinita estupidez.

