Sintiendo menos, viviendo más

Hay libros que llegan a nuestras manos por azar o quizás es el destino el que nos los sirve. Con este título fue así.
En el puente, retirada del mundanal ruido, en una pequeña aldea en el corazón de Picos de Europa, bajé a la chimenea el libro que me estoy leyendo, pero sobre la mesa vi este otro; era finito, la letra era grande, era de Círculo Rojo, que para mi es coedición, o una forma de autopublicar para quien no quiere meterse en líos, y acompañado del chisporrotear de la chimenea y una infusión, me lo leí.
Es curioso como casi todos los primeros libros autopublicados tienen una componente autobiográfica. Este es casi un diario en el que la escritora narra su paso por una adolescencia difícil y una relación tóxica que la marcó y la llevó a sufrir una agresión grupal de la que pudo remontar gracias al apoyo de su familia y un cambio de vida radical.
Es un libro cargado de un mensaje positivo, de superación de las adversidades y que, desde la propia experiencia, avisa a l@s adolescentes de momentos críticos en esa etapa de la vida.
Autora: María Ramiro Suárez
Nºpags: 100
Editorial: Círculo Rojo

Science fiction research institute opens in China, as business booms

Chinese market for sci-fi publications grew more than 83 per cent last year to US$256 million School is a ‘dream come true for science fiction researchers’, says academic and published writer Li Yi.
China’s growing passion for science fiction has spawned the country’s first research institute dedicated to the subject, and an academic magazine is set to follow next year.
The China Science Fiction Research Institute opened in Chengdu, capital of Sichuan province, last week with the aim of supporting the development of the sci-fi industry and related literary and artistic endeavours, Xinhua reported.
The joint venture between Sichuan University, the Sichuan Association for Science and Technology and Science Fiction World magazine will support academics in the development of a “science fiction theory system” and provide a platform for writers and enthusiasts, the report said.
It will also publish China Science Fiction Review, the first edition of which is set to hit the streets early next year.
The market for sci-fi publications in China was worth US$256 million last year.
Li Yi, dean of the School of Literature and Journalism at Sichuan University, with which the institute is affiliated, said its creation was “a dream comes true for science fiction researchers, including myself”.
“We will broaden our vision and work hard to promote the development of the literature and culture of the science fiction,” he said.
The university was regarded as one of the cradles of contemporary science fiction in China, having produced several writers and academics, Li said.
Liu Cixin’s novel The Three-Body Problem first appeared in Science Fiction World magazine, one of the co-founders of the new research institute. 
Science Fiction World was launched in 1979 and is regarded as the journal of record for China’s sci-fi enthusiasts, including Li.
The magazine also serialised Liu Cixin’s novel, The Three-Body Problem, in 2006. The work was released in book form two years later and in 2015 an English-language version became the first Asian publication ever to win a Hugo Award for best novel.
In an interview with Chengdu Economic Daily, Liu said Science Fiction World had “trained a large number of science fiction authors” and was “loved by science fiction fans” across China.
The value of the Chinese market for science fiction publications grew more than 83 per cent last year to 1.8 billion yuan (US$256 million), while sales in the first half of this year equated to 77 per cent of the full-year total for 2018, according to a report released by the Southern University of Science and Technology.
Earlier this year, The Wandering Earth – a film based on Liu’s novella of the same name – took more than 4.6 billion yuan at the box office in mainland China.
The Wandering Earth was based on the novella of the same name by Liu Cixin. 
According to Southern University’s report, government support has played a significant role in the industry’s growth.
Aside from the new research institute, the government in Chengdu recently spent more than 2 billion yuan (US$284 million) on a sci-fi film and television production base, and has applied to host the World Science Fiction Convention in 2023.
Although Sichuan is keen to support and promote the sci-fi industry, Beijing actually censors many of the fantastical ideas and concepts on which writers base their work, including time travel, which has been a legal no-go zone since 2011.
But Ken Liu, who translated his namesake’s Three-Body Problem into English, said in an interview with Logic magazine earlier this year that Chinese writers were adept at circumnavigating Beijing’s tight rules on censorship.
“They become masters … at constructing new languages that give the censors just enough plausible deniability to let through what is otherwise forbidden,” he said.
“Readers, similarly, acquire the skill to read and decode these new languages.”

Fin de la normalidad (Adolfo Estrella)

Vivimos tiempos finales. El problema es que no sabemos exactamente qué es lo que finaliza y qué es lo que comienza, ni si saldremos vivos de todo esto. Ni tampoco qué es lo que merece ser salvado: ¿La humanidad? ¿La vida en su más puro sentido biológico? ¿la civilización? Franco Berardi escribió un libro notable: “Fenomenología del fin. Sensibilidad y mutación conectiva”. Una reflexión sutil acerca de los cambios antropológicos a los que nos ha llevado el capitalismo digitalizado: sustitución de las relaciones conjuntivas, corporales, táctiles, por relaciones conectivas, informatizadas, codificadas.
Los seres humanos, sostiene Berardi, estamos perdiendo nuestra capacidad sensitiva y sensible “a medida que (nuestra) comunicación pasa cada vez menos por la conjunción de cuerpos y cada vez más por la conexión de máquinas, segmentos, fragmentos sintácticos y materia semántica” y añade: “la mutación digital, está invirtiendo la manera en que percibimos nuestro entorno y también la manera en que lo proyectamos: no involucra únicamente nuestros hábitos, sino que afecta, a la vez, nuestra sensibilidad” y sensitividad”. La experiencia entre los seres humanos, entre los seres humanos y las cosas, entre las cosas y las cosas y entre la naturaleza, los seres humanos y las cosas, se ha modificado sustancialmente como efecto de la conexión tecnológica bajo la forma digital. Por sensibilidad entiende “la facultad que hace posible la interpretación de los signos que no pueden definirse con precisión en términos verbales”. Es una “capacidad para detectar lo indetectable, para leer los signos invisibles y para sentir los signos de sufrimiento o de placer del otro”. Esto es lo que estamos perdiendo.
La cognición, la percepción y la sensibilidad se debilitan o, lisa y llanamente, se bloquean por el hecho de vivir en entornos digitalizados acelerados, soportados por codificaciones binarias, eficaces y sofisticadas, pero banales. Se expanden las conexiones de superficie mientras, simultánea y proporcionalmente, se atenúan las conjunciones de profundidad. La codificación universal nos está haciendo torpes en nuestra capacidad de interpretar el mundo, de encontrar otros sentidos fuera de las sintaxis informáticas. Todo esto lleva a la extinción, dice Berardi, “del hombre y de la mujer humanista, y conduce a la “disolución de la concepción moderna de humanidad”.
Sin embargo, desde nuestra mirada, esta mutación, este fin, con toda su profundidad y dramatismo, es un fin relativo. Fin de una manera de vivir la condición humana, fin de una manera de experimentar los vínculos sociales, fin de unos valores, fin, incluso, de una manera de encontrar sentido a la vida en común. Fin relativo que supone, sin embargo, nuestra continuidad en el tiempo y en el espacio. Supone que los humanos, junto a otros seres vivos, podamos seguir habitando el planeta. Supone que la destrucción y la autodestrucción antrópica no haya hecho ya estallar todavía las propias condiciones de la vida sobre la tierra. Supone que el cambio climático, el agotamiento de los recursos energéticos, la contaminación, el deshielo, las nuevas enfermedades, los desplazamientos de población… Suponiendo, en fin, que la normalidad de la vida se mantuviera como hasta ahora. Pero esto es mucho suponer: más bien es justamente lo que no está sucediendo.
Asumiendo la realidad de la mutación y del fin antropológico señalado por Berardi, podemos imaginar, además, un fin absoluto derivado de la extinción de una parte importante de las formas de vida sobre la Tierra, incluyéndonos. Estamos viviendo los comienzos avanzados de un desequilibrio sistémico generalizado: momento de tránsito de un estado de estabilidad a otro. Tanto la vida social como la vida de la naturaleza han entrado en un bucle de transformaciones impredecibles. Los procesos morfogénicos están desbocados. Los acontecimientos golpean las estructuras y desarman los órdenes conocidos.
En estos escenarios de mutaciones, sociales antropológicas y biológicas, la vida o lo que va quedando de ella, se ha vuelto cambiante, impredecible, rara, anormal. Ni la vida social ni la vida natural son lo que alguna vez fueron. Desde la consolidación del neoliberalismo veníamos experimentando la aceleración y la inestabilidad, expresada en la epidemia de precariedad, en la pérdida de proyectos colectivos, en la destrucción de los vínculos solidarios, en el debilitamiento de las iniciativas compartidas, en el retraimiento social. Quedamos a la intemperie, desnudos, expuestos sin mediaciones a las inclemencias del Capital.
Una nueva “normalidad de la anormalidad” se instaló. Se acabó la vieja y tranquilizadora normalidad de los procesos sociales y de los procesos naturales. La normalidad de la distinción del tiempo de trabajo y del tiempo de ocio, de la comida de acuerdo a las estaciones, de la relación virtuosa entre estudio y empleo, del estudio como mecanismo de ascenso social, del empleo y del amor para toda la vida, de la escuela como lugar de autoridad y transmisión, del barrio como lugar de socialización, de la figura central del pater familia, de los partidos políticos como representantes ciudadanos, del poder e independencia del Estado, de los productos de consumo de larga duración…
Se acabó también la normalidad de los procesos de la naturaleza: sus cadencias y ciclos están alterados. Ya no llueve ni nieva como antes y los veranos son más calurosos. O llueve a destiempo y en lugares en los que habitualmente no lo hacía con esa intensidad. Aparecen tornados en otros hemisferios, los glaciares desaparecen. La naturaleza nos envía mensajes que no sabemos leer, porque cualquier condición caótica implica precisamente la ruptura de los códigos que permiten su lectura. No sabemos cuál será el nuevo equilibrio que nos tiene preparado la naturaleza ni si nos tiene contemplado en él. Lo más probable es que no estemos en sus próximos planes.
Las mutaciones catastróficas de la naturaleza están imbricadas con las mutaciones catastróficas de la sociedad, de la economía y de la cultura y, siguiendo a Berardi, con las mutaciones en el estrato más profundo, antropológico de nuestra existencia. “Las cosas cambiaron tan rápido que no podemos acompañarlas”, dice Bruno Latour. Vivimos tiempos en los que la geopolítica interacciona con la geofísica. Los humanos nos hemos transformado de simple agente biológico a fuerza geológica (Chakrabarty) modificando las propias condiciones de la existencia de la vida sobre este pequeño planeta sin versión de recambio.
Y esta “aceleración del tiempo y compresión del espacio” (Danwski & Viveiros de Castro) nos encuentran desvalidos, solitarios y desconfiados; sensitiva y cognitivamente exhaustos. “El entorno acelerado por el poder de la tecnología hoy excede cualquier posibilidad de medida humana. Pensemos en la hipersaturación del entorno mediático que está arrastrando la capacidad de pensamiento crítico. La razón humana se encuentra exhausta. La infinita complejidad de los fenómenos satura nuestra capacidad de observación. La sensibilidad, impulsada más allá del dominio de lo propiamente humano a través de su interfaz tecnológica, se ha incorporado a lo inorgánico”, continúa Birardi.
Desprovistos de herramientas de protección colectiva, los escenarios de futuros eco-fascismos son más probables que escenarios de comunidad solidaria. Neoliberalismo, digitalismo y colapso climático son expresión de una misma crisis sistémica y frente a ellos las subjetividades, individuales y colectivas, están perplejas y asustadas. No sabemos si hay o no un mundo, habitable, por venir. No hay ni dioses ni amos sobre los cuales podamos depositar esperanzas de salvación. Vivimos el doble colapso de la naturaleza y de la civilización, y esto es inédito, es lo que tiene de particular este momento. Muchas civilizaciones en el pasado sucumbieron, muchas por crisis ecológicas catastróficas, pero siempre había “otro lugar” para la continuidad de la especie, otro lugar para la reproducción de los genes, otro lugar para reinventar la cultura. En la actualidad, no hay refugio local que nos proteja de la catástrofe generalizada.
Cuesta imaginar el fin porque siempre cuesta imaginar la muerte. ¿Queda la posibilidad de una muerte colectiva digna, sin sufrimiento, sin estertores? Es difícil. Ninguno de los escenarios del desastre son indoloros. Estamos jodidos, como señala Roy Scranon. Muy jodidos, pero quizás imaginar la alta probabilidad del desastre es la condición para restarle probabilidades de ocurrencia. Frente a ello, aquí y ahora: ¿depresión o rebelión?, ¿melancolía o grito?, ¿adaptación o resistencia? Quizás hay que partir del derrumbe y del miedo que es “aquello que sentimos cuando nos acercamos a la verdad”, dice la budista Pema Chödrön. Quizás. Tenemos ante nosotros posibilidades, pero desconocemos sus probabilidades. La campana del señor Gauss se fue al carajo: no tenemos la normalidad necesaria para sustentar modelos predictivos continuos. La discontinuidad catastrófica es la norma. Solo queda rescatar impulsos dis-tópicos positivos, prefigurativos, arriesgados, lúcidos y, por tanto, escépticos. Porque, hagamos lo que hagamos, siempre estaremos en el reino de las paradojas y, por lo tanto, de las soluciones a la vez necesarias e imposibles. Y “cuando algo es necesario e imposible, hay que cambiar las reglas de juego, para inventar nuevas dimensiones”, decía Jesús Ibáñez.

Klaus

El domingo pasado fuimos a los cines Verdi a ver el pase de la película de animación Klaus, producida por Netflix para su plataforma.

La película ha sido creada por The Spa Studios, el estudio del animador y guionista Sergio Pablos, padre de la saga de Gru.

A pesar de ser un animador consagrado, le costó conseguir los fondos para este largo de animación y encontró su fuente principal de financiación en Netflix, que apuesta por primera vez por la creación de un largo animado para su plataforma de contenidos.

Animación 2D con escenas en 3D y unos efectos de iluminación que convierten lo plano en objetos con volumen, más realistas, con más vida, pero con la expresividad y la emoción del 2D.

Los personajes me encantaron, en dibujo y caracterización. La música es perfecta y los colores te trasladan al interior de cada escena. Pero lo que más me gustó fue el guión; la creación de la leyenda de Santa Klaus.

Es una sensación curiosa, el ver una película animada con toques de humor y personajes tan patrios. Nos hemos acostumbrado a que casi todo el cine de animación llegue de fuera y a que sus personajes, sus historias y la ambientación, se basen en culturas que no son las nuestras.

Klaus es producción española y los personajes respiran raíces comunes sin dejar, por ello, de ser una apuesta para distribuir a nivel internacional.

Los que tengáis Netflix, no os la perdáis. Se estrena hoy. No os va a decepcionar.

Las ratas

Hoy hablo de nuevo de una relectura, de la época del instituto, de la que recordaba, solo vagamente, a su protagonista, el Nini. Delibes describe un pueblo del interior de Castilla con tanta vividez que, durante la lectura, parece que estuvieses recorriendo las calles sin asfaltar y las laderas secas y yermas de ese rincón del mundo.

Sus personajes cobran vida con fuerza, con realismo, con la dureza intrínseca de los pueblos de Castilla durante los años después de la guerra, cuando comienza la apertura al turismo, la emigración a los núcleos urbanos y el vilipendio del mundo rural, de sus usos y costumbres y de sus gentes. Entre la desolación, la pobreza, los rigores de una vida empeñada en los designios de una meteorología voluble e impredecible, que puede arruinar la vida de familias completas, surge el personaje de un niño que encarna la inocencia y el bien. El Nini, conectado a la Tierra, entiende a la madre naturaleza y ayuda a los vecinos a sobrevivir en un entorno adverso. Vive en una cueva, junto a su tío el Ratero. Asume su destino sin culpar a nadie, sin rencor, sin ánimo de revancha o codicia. Vive el ahora, acepta sus circunstancias (que son francamente duras) y elige disfrutar y ver la parte buena de lo que le rodea, además de ayudar sin esperar nada a cambio.

Si ‘Diario de un cazador’ era una recomendación, este es casi una obligación: por la maestría con la que está escrito y por que nos habla de nuestro pasado, de nuestra raíces, nuestro orígenes. España, hace solo cincuenta años, era eso. Olvidar de dónde venimos, nos impide saber hacia dónde vamos.
Miguel Delibes publicó ‘Las ratas’ en 1962. En 1952 fue nombrado subdirector del periódico El Norte de Castilla. Empezaron entonces sus enfrentamientos con la censura que no le permitía publicar artículos sobre la realidad del mundo rural castellano. En 1958 le nombran director y su lucha con la censura continúa y se agrava.
Sin embargo, con su obra literaria, Delibes encuentra la vía de denunciar la situación del mundo rural a través de la ficción. Después de que ‘Las ratas’ viera la luz, tras muchas desavenencias con Manuel Fraga, ministro de Información y Turismo en aquella época, Delibes tuvo que dimitir de su cargo en el periódico.
Su voz, su denuncia y su crítica continuaron escuchándose. Comenzó una etapa de proyección internacional que le ayudó a que su mensaje tuviese alcance mundial, un mensaje que sigue vivo, un mensaje que no se quiso escuchar y que nunca encontró apoyo institucional. Si lo hubiese hecho, quizás hoy, el mundo rural castellano no sería un erial, sujeto a leyes y políticas dictadas desde despachos urbanos que ni entienden el funcionamiento de la España rural ni lo comparten ni por supuesto lo apoyan. De las confesiones de Delibes a César Alonso de los Ríos:

«En cierto modo Las ratas y Viejas historias de Castilla la Vieja son la consecuencia inmediata de mi amordazamiento como periodista. Es decir, que cuando a mí no me dejan hablar en los periódicos, hablo en las novelas. La salida del artista estriba en cambiar de instrumento cada vez que el primero desafina a juicio de la administración.

[…] Yo intenté hacer compatible la estética con la denuncia de los problemas. Fue una visión literaria de todo lo que quise decir y no pude. Las ratas, sin ninguna duda, es un libro mucho más duro que los artículos que publicamos en El Norte de Castilla.»

Autor: Miguel Delibes
Nºpags. 174

Konrad o el niño que salió de una lata de conservas

Este año me he matriculado en un curso de escritura infantil y juvenil en la Escuela de escritores y además de trabajar técnicas de escritura, estudiamos los orígenes y la evolución de este sector literario. Dentro de ese estudio, la escuela nos plantea una serie de lecturas y la primera ha sido este libro.

En esta ocasión, os incluyo mi trabajo, acorde a la guía de lectura de la Escuela.

1. ¿Qué edad crees que tiene el lector ideal de este libro y por qué?
Cuando estaba en quinto de primaria leí este libro, así que gracias a vuestra propuesta, he podido desempolvar de la estantería una edición de Alfaguara Juvenil del año 79, volver a leerla y darme cuenta de que no me acordaba de nada.
Por lo que he podido ver en Internet, este título ha pasado al fondo editorial de Santillana y lo publica el sello ‘Loqueleo’. La edad recomendada de la editorial es para niños de más de doce años, sin embargo yo creo que el público objetivo es de mayores de diez. No hay una gran diferencia, pero los doce creo que marcan, en nuestra sociedad, la entrada a la pre-adolescencia y el interés por una temática algo diferente, con más aventura, magia o actualidad/vivencias de ese colectivo. En mi opinión, sin entrar en el trasfondo de la crítica social que no se si llegan a entender los niños, es demasiado sencillo para alumnos de primero o segundo de la ESO. Igual que ‘Las brujas’ está en la colección naranja de Loqueleo, para más de diez años, ‘Konrad’ considero que debería ir en esa colección y no en la azul, teniendo en cuenta que, en mi opinión, ni los de doce ni los de diez, creo que reciban el mensaje crítico de la escritora.
2. ¿Crees que el libro puede ser un mal ejemplo para el lector?
El libro es una crítica social y como tal no creo que suponga un mal ejemplo para el lector. Se parodian las expectativas y percepciones de los adultos, mostrando a Konrad como el niño perfecto, el niño que la mayoría de la sociedad adulta sueña con tener, y al resto de compañeros de clase como gamberros en serie y la pesadilla de una sociedad que busca niños que se comporten como adultos.
La lectura de este libro es muy diferente desde la perspectiva de un adulto y la de un niño. Creo que el mensaje de crítica social no cala entre el público infantil sin un debate posterior. Los niños tomarán partido por los personajes con los que más se identifican. Yo creo que con los compañeros de clase de Konrad (que lo consideran un empollón repelente), quizás con Kitti (que ve más allá de la carcasa fabricaba de niño perfecto de Konrad), con la Señora Bartolotti (que representa el caos y la anarquía que ningún adulto estándar se permite) y al final del libro con Konrad, el rechazado, el maleducado, el que es como todos los niños.
El proceso de ‘deseducación’ de Konrad está justificado para evitar que se lo lleven lejos de las personas que le quieren. No puede ser un mal ejemplo que una amiga ayude a un niño a permanecer junto a sus padres y creo que ese es el mensaje de ese proceso.
3. La mayoría de los personajes de este libro podrían funcionar como caricatura de un colectivo determinado: padres, educadores, niños, agentes de la ley… ¿Estás de acuerdo? ¿Por qué?
Al tratarse de una crítica social envuelta en una aventura infantil-juvenil, la escritora parodia los estereotipos sociales y los tergiversa. La madre es desordenada, impulsiva e irresponsable y el hijo es educado, diligente, ordenado y responsable. En cuanto al resto de personajes; los vecinos, el farmacéutico, los profesores y los compañeros son representaciones exageradas, caricaturas de los clichés sociales y cada uno abandera una característica, una cualidad o un defecto. El cotilleo, el vivir de cara a la galería, la desidia que provoca la rutina, la asunción de un trabajo que se concibe como castigo o el espíritu gregario de los grupos.
Creo que la escritora hace un trabajo magistral creando esos estereotipos caricaturizados, con ligeras pinceladas de personajes secundarios, sin hablar de los defectos de forma directa, sino como algo intrínseco a la historia. No juzga, da por sentado que así es y sus protagonistas, Konrad y la Sra. Bartolotti, lo aceptan y actúan en consecuencia, cada uno desde su prisma y su forma de ser.
4. ¿Piensas que hay intención crítica o moralizante en este libro?
Creo que la intención más clara es la crítica social. La escritora trata de mostrar los defectos de una sociedad individualista reinan la envidia y las apariencias y no existe la cooperación y la empatía.
Es Kitti quien muestra el otro lado del espejo, lo que falta en la sociedad. Son esos rasgos los que creo que la escritora valora y ensalza, junto con el carácter independiente y ajeno a la corriente de opinión, que caracteriza a la Sra. Bartolotti.
Si hay una moraleja en el libro, sería la de actuar sin estar condicionados por la opinión de los demás y ayudar a las personas a las que queremos, aunque suponga ir contra corriente o saltarse alguna norma, que no dejan de ser armazones que no han sido diseñado por nosotros mismos, sino por algún ente imaginario (Estado, sociedad, colegios,…) que no debería tener la capacidad de condicionar nuestras vidas.
5. ¿Qué personaje es el que más te gusta o más te sorprende de este libro?
El que más me gusta es Kitti porque es un alma pura. Aún no ha sido contaminada por las normas sociales y escucha a su voz interior. Defiende lo que cree que es justo y a las personas a las que quiere. Es valiente, bondadosa, inteligente, perseverante, independiente y con criterio propio.
El personaje que más me sorprende es la Sra. Bartolotti, como antítesis del modelo de madre imperante. Es una ‘madre por sorpresa’ y me gusta cómo acepta su maternidad, salida de una lata de conservas, sin cuestionárselo y cómo se mantiene fiel a su forma de ser, disfrazándose solo, cuando es necesario engañar al enemigo.
6. ¿Tienes problemas para creerte la historia?
Ninguno.
Este libro se escribió en 1976 cuando aún no se hablaba de modificaciones genéticas, ni de niños a la carta, por lo que un niño que sale de una lata de conservas, hecho en una fábrica para cumplir unos estándares sociales, unas características pedidas en un formulario por los padres, era un concepto rompedor, casi de ciencia ficción. Sin embargo, casi medio siglo después, los niños a la carta y las modificaciones genéticas forman parte del debate social, moral y legal, por lo que esta parte, que pudiera ser la menos creíble, pasa a ser plausible (no en el mismo formato, pero sí algo similar).
La otra idea que quizás en 1976 fuese difícil de asumir, es la del farmacéutico que decide ser el padre, sin estar casado con la Sra. Bartolotti, ni tan siquiera vivir con ella. La idea y el esquema de familia clásica han cambiado tanto en este tiempo, que tampoco es algo que choque.
7. ¿Recomendarías este libro a un niño?
Sí. A un niño de quinto o sexto de primaria, como lectura para comentar en grupo, ya sea en clase o en familia. Creo que el libro tiene tantos mensajes que, sin no se hablan y se discuten, pueden llegar a quedar ocultos para el niño lector.
Pienso que es enriquecedor que los niños aprendan a tener una mirada crítica y que sean capaces de pensar y crear su propia opinión respecto a lo que les rodea. Me parece que este libro es una puerta que abre ese pensamiento crítico.
Nºpags.:152

American Psychosis

‘No se puede hablar de esperanza, si no se conoce la realidad’.
El periodista Chris Hedges, ganador del premio Pulitzer en 2002, corresponsal de guerra, escritor y activista, habla en este documental, de 15 minutos (de Amanda Zackem), sobre nuestros tiempos; el consumismo, el poder totalitario de las corporaciones y la vida, en una cultura dominada por las apariencias.
Recojo algunas frases que me han llamado la atención junto a una cita que ya en su día utilicé en el ‘Blackout‘ con la que cierro esta entrada,

If hope becomes something you express through ilusion, then it’s not hope, its fantasy.

Si la esperanza se transforma en algo que se explica a través de ilusiones, ya no es esperanza, es fantasía.

The cult of the self, in biblical terms, is a kind of idolatry, everything is about you.

El culto a uno mismo, en términos bíblicos, es una forma de idolatría, todo gira entorno a uno mismo.

The corporate state has made a war against critical thinking and in particular humanities, because humanities is about teaching people how to think rather than what to think, they are about teaching people to challenge assumptions and structures. The discipline of humanites is meant to be subversive.

El estado corporativo ha declarado la guerra contra el pensamiento crítico y en particular contra las humanidades, porque las humanidades son los estudios que enseñan a las personas a pensar, en lugar de decirles qué pensar. Las humanidades enseñan a las personas a desafiar lo preestablecido. Las humanidades son subversivas.

The other thing, the failure to think critical does, is it creates a very frightening historical amnesia, so you don’t know how you got here, you don’t know where you came from.

La otra cosa que, el fracaso para tener pensamiento crítico, consigue es generar una aterradora amnesia histórica, para que no se sepa cómo hemos llegado hasta aquí, ni de dónde venimos.
Como dijo A.Lincoln : ‘Si pudiésemos saber dónde estamos y hacia dónde vamos, podríamos valorar mejor, qué hacer y cómo hacerlo‘.

To The Stars… Academy of Arts and Science

Hoy, buceando en las noticias del día, me he encontrado esta organización: To the stars Academy of Arts & Science, un conglomerado que camina abiertamente en la cuerda floja que une la ciencia y la ciencia-ficción, tanto es así, que de sus tres ramas de actividad principales, una es el entretenimiento.
El fundador es el ex-vocalista de la banda punk, Blink 182: Tom Delongue, quien ha conseguido reunir a un equipo de científicos procedentes del departamento de defensa de los EE.UU, empresas de armamento y aviación.
Las tres líneas de trabajo son:
  1. Entretenimiento: Producen series, libros, documentales…tomando ideas de la investigación que mantienen en sus otras dos líneas
  2. Ciencia: Recogen e investigan avistamientos aéreos no identificados.
  3. Aeroespacio: Investigan en avances en materia energética, de propulsión y de comunicaciones.
Se crearon en 2017 y, antes de cumplir dos años, han conseguido un contrato con US Army, (en concreto con CCDC Ground Vehicle systems) por el que el ejército les cede el uso de laboratorios además de financiar la investigación de unos materiales que parece que alguien ‘se llevó’ del incidente de Rooswell y han terminado en manos de Tom Delongue.
Cada día más, es difícil discernir entre la ficción y lo real.

«SAN DIEGO — Oct. 17, 2019 — To The Stars Academy of Arts & Science (TTSA) announced today a Cooperative Research and Development Agreement (CRADA) with the U.S. Army Combat Capabilities Development Command to advance TTSA’s materiel and technology innovations in order to develop enhanced capabilities for Army ground vehicles.
TTSA’s technology solutions, which leverage developments in material science, space-time metric engineering, quantum physics, beamed energy propulsion, and active camouflage, have the potential to enhance survivability and effectiveness of multiple Army systems. TTSA will share its discoveries with Ground Vehicle System Center (GVSC) and Ground Vehicle Survivability and Protection (GVSP) and the U.S. Army shall provide laboratories, expertise, support, and resources to help characterize the technologies and its applications.
“Our partnership with TTSA serves as an exciting, non-traditional source for novel materials and transformational technologies to enhance our military ground system capabilities,” said Dr. Joseph Cannon of U.S. Army Futures Command. “At the Army’s Ground Vehicle Systems Center, we look forward to this partnership and the potential technical innovations forthcoming.”
Steve Justice, TTSA’s COO and Aerospace Division Director added that, “This cooperative research agreement brings additional, critically important expertise that is necessary to advance the state-of-the-art in both our near and long-term technology areas of study. While the Army has specific military performance interests in the research, much of the work is expected to have dual-use application in support of TTSA’s path to commercialization and public benefit mission.”

Diario de un cazador

Nadie como Miguel Delibes para retratar los paisajes y la vida de Castilla, la Vieja, como se llamaba entonces. A pesar de que Antonio Machado plasmó en poemas la belleza de la tierra que lo acogió, Delibes llevaba a Castilla en su sangre y la radiografió con su pluma.
Delibes era un defensor de la naturaleza y los valores rurales. Por sus obras, críticas con el modelo de vida urbanita y consumista que impera, se dijo de él que estaba contra el progreso.
Sobre este tema, incluyo algunas de sus reflexiones que desde mi punto de vista siguen en pleno vigor:
«Cuando escribí mi novela El camino, donde un muchachito, Daniel el Mochuelo, se resiste a abandonar la vida comunitaria de la pequeña villa para integrarse en el rebaño de la gran ciudad, algunos me tacharon de reaccionario. No querían admitir que a lo que renunciaba Daniel el Mochuelo era a convertirse en cómplice de un progreso de dorada apariencia pero absolutamente irracional».

«Es la civilización del consumo en estado puro, de la incesante renovación de los objetos —en buena parte, innecesarios— y, en consecuencia, del desperdicio».

«El hombre, de esta manera, se despersonaliza y las comunidades degeneran en unas masas amorfas, sumisas, fácilmente controlables desde el poder concentrado en unas pocas manos….Hoy nadie quiere parar en los pueblos porque los pueblos son el símbolo de la estrechez, el abandono y la miseria».

Miguel Delibes no idealiza la vida de los pueblos y aldeas castellanas, defiende que nuestro acervo cultural vive en el mundo rural y critica las carencias que matan a los pueblos. Fue uno de los que levantó la voz para pedir a la Administración que dotase de los servicios y equipamientos necesarios al campo y que no lo dejase morir.
La obra de Miguel Delibes es vitalista, invita a disfrutar de lo cercano, de lo sencillo, de la Naturaleza. Sus personajes están ligados a la tierra; la entienden y la respetan.

«…mis personajes se resisten, rechazan la masificación. Al presentárseles la dualidad Técnica-Naturaleza como dilema, optan resueltamente por ésta que es, quizá, la última oportunidad de optar por el humanismo. Se trata de seres primarios, elementales, pero que no abdican de su humanidad; se niegan a cortar las raíces. A la sociedad gregaria que les incita, ellos oponen un terco individualismo»

En ‘Diario de un cazador’, Lorenzo, el protagonista retrata una forma de vida ya extinta. La de un bedel en el año 1955 que vive para la caza, defiende el campo y la naturaleza y lucha por sobrevivir en un entorno urbano donde impera la escasez. El lenguaje de Lorenzo nos sumerge en otra época, en otra forma de vida. Siempre he admirado la escritura de Miguel Delibes, pero en este primer diario, al que le siguen ‘Diario de un emigrante’ y ‘Diario de un jubilado’, Delibes hace un uso magistral del lenguaje y una disección perfecta de la psicología de su protagonista.
Sabéis que Delibes es otra de mis debilidades literarias, no solo como escritor, sino también por su forma de pensar y su imaginario, así que, sí, por supuesto que recomiendo la lectura de ‘Diario de un cazador’ o de cualquier otro libro de este gran autor.
Nºpags: 208

Tres posturas ante la crisis socioecológica ¿cuál es la tuya?

Yo claramente estoy en la visión «que propone trabajar en alternativas sociales y económicas desde abajo que creen comunidades resilientes».
Esteban Manuel Jérez (autor del artículo) no comparte esa visión ya que le genera dudas éticas, su pregunta es ¿nos podemos permitir quedarnos contemplando como llega el colapso para decir en 2030, teníamos razón?
La respuesta es que las comunidades resilientes que trabajan en propuestas y modelos alternativos han empezado ya su trabajo, no auguran el colapso y se sientan a ver cómo sucede. Lamentablemente se está haciendo sin el apoyo de políticos e instituciones, que siguen deshojando la margarita, dando buenas palabras y no haciendo nada, excepto barrer para casa, la suya, no la de la sociedad.
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Empieza a abrirse camino la idea de que estamos en emergencia climática, ante las aplastantes evidencias científicas y las conclusiones presentadas por los expertos en clima de la ONU. Su informe de 2018, Calentamiento Global de 1,5ºC, nos advierten de que es preciso tomar medidas urgentes y de una ambición sin precedentes, de aquí a 2030, para no superar este límite. Las consecuencias de no hacerlo son destructivas para ecososistemas básicos para el mantenimiento de la vida y nos llevarían a un punto de no retorno de consecuencias catastróficas. No es catastrofismo. No nos dicen que vamos irremediablemente hacia la catástrofe. Pero advierten que necesitamos un cambio disruptivo en las formas de producir y consumir, movernos, alimentarnos, ordenar las ciudades y el territorio. Y eso implica un giro de objetivos y de formas de pensar y de ordenar nuestros valores. Con la inercia de las últimas cuatro décadas, manteniendo la hoja de ruta actual ampliamente consensuada por la comunidad internacional y por partidos y sindicatos, no es posible lograr el objetivo. Pero no podemos cerrar la puerta a que se produzca un cambio en la percepción del riesgo por parte de la sociedad que haga posible ese giro que parece altamente improbable. No todo el mundo lo ve igual, lógicamente. Hay visiones optimistas, hay visiones pesimistas y hay visiones esperanzadas. También hay visiones que niegan el problema: el capitalismo sucio exitoso de Trump y compañía y el anticapitalismo productivista.
1/ La visión optimista del capitalismo verde. 
Para esta visión, fundada en el mito tecnológico, el libre mercado autorregulado resolverá la crisis ecológica. El pacto que lo hará posible se llama Objetivos de Desarrollo Sostenible, cuyo objetivo principal es el crecimiento económico, piedra angular de los demás.
Centra su atención en la transición energética. Basta sustituir la dependencia de energía fósil por energías renovables. Las grandes empresas lo resolverán con gigantescos parques termosolares ubicados en los desiertos, como los pioneros que tenemos en Écija y Sanlúcar La Mayor. Resuelve la producción de alimentos con su biotecnología de transgénicos adaptados al cambio climático de la mano de Monsanto y compañía. El transporte sostenible se resuelve sustituyendo coches movidos por petróleo por los mismos coches movidos por electricidad generada por energías renovables. La cultura del usar y tirar la cambiarán las empresas que apuestan por la economía circular sin necesidad de que nos preocupemos de cambiar nuestros hábitos de consumo. Es atractivo tanto para la derecha como para la izquierda que se ponen de acuerdo en municipios y gobiernos para avanzar por esa senda. El crecimiento económico con empleos decentes los une en el OBJETIVO 7. No se concibe ninguna economía que pueda satisfacer las necesidades humanas sin parar de crecer.
Esta forma de pensar choca sin embargo con algo tan de sentido común como que vivimos en un planeta finito, con recursos no renovables finitos y recursos renovables que no podemos explotar por encima de su capacidad de reproducción. Es una vía muerta hacia el futuro porque ya ha chocado con sus límites y ya no puede seguir creciendo. Acelera el colapso económico y social. En esta vía, a nivel político, se puede elegir entre la derecha conservadora-liberal del PP y la liberal de ciudadanos, y entre la izquierda social-liberal del PSOE y la izquierda socialdemócrata reformista de UNIDAS PODEMOS. En el eje igualdad-desigualdad, mercado-estado, dirimen sus ofertas dentro del marco del crecimiento, con más o menos proporción de mercado y de estado, con más o menos reparto de la riqueza generada. Hasta la próxima crisis económica, ya en puertas.
2/ la visión pesimista del anticapitalismo ecosocial
Es una visión bien informada. El capitalismo necesita crecer y acumular para justificar resultados ante sus accionistas. Su lógica de crecimiento de la desigualdad es implacable y lo será aún más conforme vayan menguando los recursos. La crisis ecológica la ha producido el capitalismo, para resolver la crisis ecológica hay que acabar con el capitalismo. Ya es tarde para una agenda de desarrollo sostenible. El colapso es inevitable. Tiene una versión comunista que sólo es anti y centra su atención en el conflicto social y hay una versión alter, que propone trabajar en alternativas sociales y económicas desde abajo que creen comunidades resilientes.
No hay posibilidad de volver a un estado de bienestar porque ya no disponemos de los recursos para ello. El capitalismo está condenado a crecer y no es posible desacoplar el crecimiento económico del crecimiento del consumo de recursos no renovables. No hay recursos para sustituir una sociedad en crecimiento basada en energías fósiles de alto rendimiento por energías renovables de bajo rendimiento y muy dependientes. No hay recursos para mantener el modelo agroindustrial de la Revolución Verde ni de la cuarta revolución industrial. No hay recursos para sustituir el modelo de transporte basado en el coche de motor de combustión por el de motor eléctrico. No hay recursos para una economía circular que siga creciendo
Si se analizan las gráficas de crecimiento del PIB y del crecimiento de las emisiones de CO2 se ve que no es posible reducir las emisiones sólo cambiando rápidamente las energías fósiles por renovables. Si se analizan las gráficas de extracción de recursos fósiles, de uranio, de fosfato, de cobre, no hay margen para seguir creciendo. La solución es acabar por el capitalismo y la vía la revolución. Sin embargo, son conscientes de que esa vía no es posible a tiempo y por eso anuncian el inevitable colapso y nos invitan a prepararnos para él.
Es una vía antipolítica: no confía en que se puedan impulsar políticas públicas de transición que partiendo del capitalismo nos lleven a un post capitalismo. Esa preparación para el colapso va de la mano de impulsar alternativas desde la sociedad de manera colectiva: energéticas, alimentarias, de vivienda, a través de cooperativas. A modo de monasterios medievales las ecoaldeas y las iniciativas urbanitas creadoras de bienes comunes, tendrán alguna posibilidad de iniciar una nueva civilización tras el colapso de la civilización industrial. Pero el mundo en el que lo harán será inhabitable dado que no va a ser posible detener el cambio climático dentro de unos límites de seguridad. No es posible hacerlo desde la política institucional ni tampoco se espera una revolución. La historia sin embargo nos enseña que los cambios de sistemas económicos no son rápidos. Desde luego no se producen en una década, que es el tiempo de reacción que tenemos.
Este discurso es atractivo a una minoría ilustrada activistas de resistencia. Estéticamente es irreprochable. Pero, ¿nos podemos permitir quedarnos contemplando como llega el colapso para decir en 2030, teníamos razón? Me genera muchas dudas desde la ética política.
3/ La visión esperanzada en la transición ecosocial hacia sociedades postcapitalistas
Comparte con la anterior lo fundamental del análisis, pero adopta una estrategia diferente, de síntesis, que apuesta decididamente por las políticas públicas de transición hacia una sociedad post capitalista. Es necesario llegar a las instituciones y llegar a acuerdos de gobierno que nos permitan frenar a tiempo y potenciar el cambio socioecológico, iniciado desde abajo, que ya está creando alternativas post capitalistas. Las palabras que usa para nombrarlas están sujetas a disputa con el capitalismo verde, que se las apropia y reconduce rápidamente. El Green New Deal que propugna esta vía, el Nuevo Contrato Social Ecológico o Desarrollo sostenible fuerte, es decrecentista frente al crecentista. Propone un pacto por Objetivos de Decrecimiento Sostenible, frente a los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
El decrecimiento, de extracción de recursos y de emisión de residuos como vía para lograr un equilibrio que permita satisfacer las necesidades humanas presentes y futuras es el camino. El PIB no es un indicador válido. Es la reducción de la Huella Ecológica, hoy globlamente 1,6 veces superior a la capacidad de recuperación del planeta, el indicador que nos debe orientar en el camino. Unido a indicadores de Desarrollo Humano: de esperanza de vida, de salud, de educación, de democracia participativa, de equidad en el reparto de la riqueza socialmente producida, de igualdad entre hombres y mujeres en poder de decisión, económico y de reparto de trabajos productivos y de cuidados. Crecimiento en valores de solidaridad, autocontención, compasión, sororidad y fraternidad, justicia social, igualdad. Decrecimiento en valores competitivos, egocéntricos, antropocéntricos, autodestructivos.
Esta vía promueve un gran pacto social para la transición socioecológica, fundado en la pedagogía social, que busca escalar soluciones de economía social combinadas con políticas públicas potentes. Es la vía de los Verdes. A esta vía los anticapis la llaman capitalismo verde pero no es así, aunque es preciso estar alerta. El camino de transición lleva a la sustitución de la agricultura y la ganadería industrial por la agroecológica, de los oligopolios energéticos por un tejido de cooperativas y empresas municipales de energía renovable, de las SOCIMIS que acumulan viviendas a precios inasequibles por cooperativas de vivienda y vivienda públicas en alquiler asequible, de la cultura consumista de usar y tirar por el consumo responsable, de la educación para la competitividad y el crecimiento de la economía a la educación cooperativa para la transición ecosocial.
Es un camino hacia un nuevo modelo de producción y consumo que efectivamente tendrá que ser circular, de residuos cero, que imite a la naturaleza y su sabia ecoeficiencia y no la suplante. Un camino hacia un nuevo equilibrio entre campo y ciudad en el que el mundo rural jugará un papel determinante. Necesitamos un mundo rural vivo que impulse una reforestación comunitaria a gran escala para generar gigantescos sumideros de carbono, creando una economía rural generadora de biomasa, de ganadería extensiva, de agroecología, de autosuficiencia energética.
El cambio de modelo de movilidad y transporte se hará mediante la alianza entre transporte público eléctrico eficiente y movilidad activa en bicicleta y caminando, combinada con ultraligeros vehículos eléctricos de movilidad personal. Con menos coches en las ciudades y las carreteras. Con más espacio público vivo para el encuentro y menos grandes superficies comerciales.
Sólo podremos lograr ese gran pacto social por una transición ecológica con más participación, con más y mejor democracia, con más igualdad entre hombres y mujeres, con más solidaridad y cooperación entre regiones y entre generaciones.
Como nos enseña Concha Sanmartín, “las revoluciones bruscas no dan lugar a cambios estructurales permanentes. A veces, pueden ser el inicio para ello, pero a costa de mucho sufrimiento. Las revoluciones tranquilas de los valores y los modos de vida han sido siempre más eficaces en la historia, para bien y para mal”.