1917

Del director Sam Mendes una película de guerra, de esas que normalmente no me gustan nada, pero que muestra otra cara de la primera guerra mundial. El conflicto de perder a un amigo, la responsabilidad y el compromiso con la memoria del que muere, no con el ejército. La desolación de la guerra entre la población civil.
La forma en que está grabada, con un falso plano secuencia, hace que la historia se narre en primera persona y sintamos lo mismo que George MacKay.
Muy recomendable. Espero que gane el oscar a mejor película.
 

Mujercitas

Estas navidades fui a ver la nueva versión de Mujercitas. Recuerdo haber visto en la televisión la versión con Katharine Hepburn como Jo, o la de Liz Taylor como Amy y cómo en cada una la historia daba más peso a la independencia de Jo o a la coquetería de Amy.
Por curiosidad consulté todas las versiones de este clásico de la literatura y os incluyo a continuación los años y las actrices que interpretaron a Jo (las de cine mudo no las he incluido), quien tiene un papel de más peso en el libro (al fin y al cabo tiene mucho de la biografía de Louisa May Alcott, pero como recoge esta versión de la película, con un feliz acorde a lo que se esperaba de una mujer: o se casaba o moría en el final del libro).

1933: Katharine Hepburn
1949: June Allyson
1994: Winona Ryder

2018: Sarah Davenport
2019: Saoirse Ronan

De todas las interpretaciones (la de 2018 no la he visto) me quedo con la de Saorise Ronan. Descubrí a esta actriz en Lady Bird, de la misma directora que Mujerctias (Greta Gerwing), y me encantó.

Creo que consigue mostrar el conflicto de una mujer independiente en la sociedad de finales del siglo XIX que rompe las normas establecidas, no centrando su vida en conseguir un buen matrimonio y aspira a ser reconocida por su trabajo como escritora, para conseguir independencia económica y por tanto tener libertad de acción.

Mujercitas, un clásico que refleja la situación de la mujer en el siglo XIX después de la guerra civil en Estados Unidos.

Diario rural

De nuevo un libro de la editorial Pepitas de Calabaza, una editorial que con su cuidada selección me va cautivando título a título.
Cuatro años antes de que el libro de Walden, del archiconocido Thoreau, viese la luz, Susan Fenimore Cooper escribió este diario rural.
En el prólogo, María Sánchez se pregunta qué acogida habría tenido este libro en el mercado, si Susan hubiese sido un hombre y si no hubiese estado eclipsada por la obra de su padre James Fenimore Cooper (autor de entre otros, ‘El último mohicano’).
Yo creo que hoy, en lugar de tener a Walden y Thoreau como referentes del naturalismo, tendríamos al Diario rural y a Susan Fenimore Cooper como referencia.
La editorial Pepitas de Calabaza ha publicado en este primer tomo, la parte del diario de primavera y verano. La escritora escribe todos los días sobre sus paseos y avistamientos de flora y fauna, incluyendo reflexiones sobre la naturaleza de los bosques, el impacto del hombre blanco en las tierras que va colonizando, la destrucción de la forma de vida de los ‘pieles roja’, las consecuencias de la introducción de especies de Europa en el nuevo continente, las consecuencias de la tala masiva de árboles, los métodos de cosecha, los ciclos del agua o la evolución de manantiales y ríos afectados por la actividad humana.
Susane parece anticiparse a la definición del antropoceno a través de una minuciosa observación de su entorno y un extensísimo conocimiento botánico y ornitológico.
El libro es pura poesía. Describe los paisajes de Nueva Inglaterra con tal vividez que parece que, mientras que lees, estuvieses oliéndolos y recorriendo las praderas, los bosques o los montes que rodean el pueblo de la escritora.
Es un libro para leer despacio, consultando plantas y aves, para poder apreciar en toda su plenitud la belleza que nos describe Susane Fenimore Cooper.
Como regalo para estas fechas, un acierto seguro para todos los amantes de la naturaleza.

Autor: Susan Fenimore Cooper
Nºpags.:320
Editorial: Pepitas de Calabaza

Sintiendo menos, viviendo más

Hay libros que llegan a nuestras manos por azar o quizás es el destino el que nos los sirve. Con este título fue así.
En el puente, retirada del mundanal ruido, en una pequeña aldea en el corazón de Picos de Europa, bajé a la chimenea el libro que me estoy leyendo, pero sobre la mesa vi este otro; era finito, la letra era grande, era de Círculo Rojo, que para mi es coedición, o una forma de autopublicar para quien no quiere meterse en líos, y acompañado del chisporrotear de la chimenea y una infusión, me lo leí.
Es curioso como casi todos los primeros libros autopublicados tienen una componente autobiográfica. Este es casi un diario en el que la escritora narra su paso por una adolescencia difícil y una relación tóxica que la marcó y la llevó a sufrir una agresión grupal de la que pudo remontar gracias al apoyo de su familia y un cambio de vida radical.
Es un libro cargado de un mensaje positivo, de superación de las adversidades y que, desde la propia experiencia, avisa a l@s adolescentes de momentos críticos en esa etapa de la vida.
Autora: María Ramiro Suárez
Nºpags: 100
Editorial: Círculo Rojo

Science fiction research institute opens in China, as business booms

Chinese market for sci-fi publications grew more than 83 per cent last year to US$256 million School is a ‘dream come true for science fiction researchers’, says academic and published writer Li Yi.
China’s growing passion for science fiction has spawned the country’s first research institute dedicated to the subject, and an academic magazine is set to follow next year.
The China Science Fiction Research Institute opened in Chengdu, capital of Sichuan province, last week with the aim of supporting the development of the sci-fi industry and related literary and artistic endeavours, Xinhua reported.
The joint venture between Sichuan University, the Sichuan Association for Science and Technology and Science Fiction World magazine will support academics in the development of a “science fiction theory system” and provide a platform for writers and enthusiasts, the report said.
It will also publish China Science Fiction Review, the first edition of which is set to hit the streets early next year.
The market for sci-fi publications in China was worth US$256 million last year.
Li Yi, dean of the School of Literature and Journalism at Sichuan University, with which the institute is affiliated, said its creation was “a dream comes true for science fiction researchers, including myself”.
“We will broaden our vision and work hard to promote the development of the literature and culture of the science fiction,” he said.
The university was regarded as one of the cradles of contemporary science fiction in China, having produced several writers and academics, Li said.
Liu Cixin’s novel The Three-Body Problem first appeared in Science Fiction World magazine, one of the co-founders of the new research institute. 
Science Fiction World was launched in 1979 and is regarded as the journal of record for China’s sci-fi enthusiasts, including Li.
The magazine also serialised Liu Cixin’s novel, The Three-Body Problem, in 2006. The work was released in book form two years later and in 2015 an English-language version became the first Asian publication ever to win a Hugo Award for best novel.
In an interview with Chengdu Economic Daily, Liu said Science Fiction World had “trained a large number of science fiction authors” and was “loved by science fiction fans” across China.
The value of the Chinese market for science fiction publications grew more than 83 per cent last year to 1.8 billion yuan (US$256 million), while sales in the first half of this year equated to 77 per cent of the full-year total for 2018, according to a report released by the Southern University of Science and Technology.
Earlier this year, The Wandering Earth – a film based on Liu’s novella of the same name – took more than 4.6 billion yuan at the box office in mainland China.
The Wandering Earth was based on the novella of the same name by Liu Cixin. 
According to Southern University’s report, government support has played a significant role in the industry’s growth.
Aside from the new research institute, the government in Chengdu recently spent more than 2 billion yuan (US$284 million) on a sci-fi film and television production base, and has applied to host the World Science Fiction Convention in 2023.
Although Sichuan is keen to support and promote the sci-fi industry, Beijing actually censors many of the fantastical ideas and concepts on which writers base their work, including time travel, which has been a legal no-go zone since 2011.
But Ken Liu, who translated his namesake’s Three-Body Problem into English, said in an interview with Logic magazine earlier this year that Chinese writers were adept at circumnavigating Beijing’s tight rules on censorship.
“They become masters … at constructing new languages that give the censors just enough plausible deniability to let through what is otherwise forbidden,” he said.
“Readers, similarly, acquire the skill to read and decode these new languages.”

Fin de la normalidad (Adolfo Estrella)

Vivimos tiempos finales. El problema es que no sabemos exactamente qué es lo que finaliza y qué es lo que comienza, ni si saldremos vivos de todo esto. Ni tampoco qué es lo que merece ser salvado: ¿La humanidad? ¿La vida en su más puro sentido biológico? ¿la civilización? Franco Berardi escribió un libro notable: “Fenomenología del fin. Sensibilidad y mutación conectiva”. Una reflexión sutil acerca de los cambios antropológicos a los que nos ha llevado el capitalismo digitalizado: sustitución de las relaciones conjuntivas, corporales, táctiles, por relaciones conectivas, informatizadas, codificadas.
Los seres humanos, sostiene Berardi, estamos perdiendo nuestra capacidad sensitiva y sensible “a medida que (nuestra) comunicación pasa cada vez menos por la conjunción de cuerpos y cada vez más por la conexión de máquinas, segmentos, fragmentos sintácticos y materia semántica” y añade: “la mutación digital, está invirtiendo la manera en que percibimos nuestro entorno y también la manera en que lo proyectamos: no involucra únicamente nuestros hábitos, sino que afecta, a la vez, nuestra sensibilidad” y sensitividad”. La experiencia entre los seres humanos, entre los seres humanos y las cosas, entre las cosas y las cosas y entre la naturaleza, los seres humanos y las cosas, se ha modificado sustancialmente como efecto de la conexión tecnológica bajo la forma digital. Por sensibilidad entiende “la facultad que hace posible la interpretación de los signos que no pueden definirse con precisión en términos verbales”. Es una “capacidad para detectar lo indetectable, para leer los signos invisibles y para sentir los signos de sufrimiento o de placer del otro”. Esto es lo que estamos perdiendo.
La cognición, la percepción y la sensibilidad se debilitan o, lisa y llanamente, se bloquean por el hecho de vivir en entornos digitalizados acelerados, soportados por codificaciones binarias, eficaces y sofisticadas, pero banales. Se expanden las conexiones de superficie mientras, simultánea y proporcionalmente, se atenúan las conjunciones de profundidad. La codificación universal nos está haciendo torpes en nuestra capacidad de interpretar el mundo, de encontrar otros sentidos fuera de las sintaxis informáticas. Todo esto lleva a la extinción, dice Berardi, “del hombre y de la mujer humanista, y conduce a la “disolución de la concepción moderna de humanidad”.
Sin embargo, desde nuestra mirada, esta mutación, este fin, con toda su profundidad y dramatismo, es un fin relativo. Fin de una manera de vivir la condición humana, fin de una manera de experimentar los vínculos sociales, fin de unos valores, fin, incluso, de una manera de encontrar sentido a la vida en común. Fin relativo que supone, sin embargo, nuestra continuidad en el tiempo y en el espacio. Supone que los humanos, junto a otros seres vivos, podamos seguir habitando el planeta. Supone que la destrucción y la autodestrucción antrópica no haya hecho ya estallar todavía las propias condiciones de la vida sobre la tierra. Supone que el cambio climático, el agotamiento de los recursos energéticos, la contaminación, el deshielo, las nuevas enfermedades, los desplazamientos de población… Suponiendo, en fin, que la normalidad de la vida se mantuviera como hasta ahora. Pero esto es mucho suponer: más bien es justamente lo que no está sucediendo.
Asumiendo la realidad de la mutación y del fin antropológico señalado por Berardi, podemos imaginar, además, un fin absoluto derivado de la extinción de una parte importante de las formas de vida sobre la Tierra, incluyéndonos. Estamos viviendo los comienzos avanzados de un desequilibrio sistémico generalizado: momento de tránsito de un estado de estabilidad a otro. Tanto la vida social como la vida de la naturaleza han entrado en un bucle de transformaciones impredecibles. Los procesos morfogénicos están desbocados. Los acontecimientos golpean las estructuras y desarman los órdenes conocidos.
En estos escenarios de mutaciones, sociales antropológicas y biológicas, la vida o lo que va quedando de ella, se ha vuelto cambiante, impredecible, rara, anormal. Ni la vida social ni la vida natural son lo que alguna vez fueron. Desde la consolidación del neoliberalismo veníamos experimentando la aceleración y la inestabilidad, expresada en la epidemia de precariedad, en la pérdida de proyectos colectivos, en la destrucción de los vínculos solidarios, en el debilitamiento de las iniciativas compartidas, en el retraimiento social. Quedamos a la intemperie, desnudos, expuestos sin mediaciones a las inclemencias del Capital.
Una nueva “normalidad de la anormalidad” se instaló. Se acabó la vieja y tranquilizadora normalidad de los procesos sociales y de los procesos naturales. La normalidad de la distinción del tiempo de trabajo y del tiempo de ocio, de la comida de acuerdo a las estaciones, de la relación virtuosa entre estudio y empleo, del estudio como mecanismo de ascenso social, del empleo y del amor para toda la vida, de la escuela como lugar de autoridad y transmisión, del barrio como lugar de socialización, de la figura central del pater familia, de los partidos políticos como representantes ciudadanos, del poder e independencia del Estado, de los productos de consumo de larga duración…
Se acabó también la normalidad de los procesos de la naturaleza: sus cadencias y ciclos están alterados. Ya no llueve ni nieva como antes y los veranos son más calurosos. O llueve a destiempo y en lugares en los que habitualmente no lo hacía con esa intensidad. Aparecen tornados en otros hemisferios, los glaciares desaparecen. La naturaleza nos envía mensajes que no sabemos leer, porque cualquier condición caótica implica precisamente la ruptura de los códigos que permiten su lectura. No sabemos cuál será el nuevo equilibrio que nos tiene preparado la naturaleza ni si nos tiene contemplado en él. Lo más probable es que no estemos en sus próximos planes.
Las mutaciones catastróficas de la naturaleza están imbricadas con las mutaciones catastróficas de la sociedad, de la economía y de la cultura y, siguiendo a Berardi, con las mutaciones en el estrato más profundo, antropológico de nuestra existencia. “Las cosas cambiaron tan rápido que no podemos acompañarlas”, dice Bruno Latour. Vivimos tiempos en los que la geopolítica interacciona con la geofísica. Los humanos nos hemos transformado de simple agente biológico a fuerza geológica (Chakrabarty) modificando las propias condiciones de la existencia de la vida sobre este pequeño planeta sin versión de recambio.
Y esta “aceleración del tiempo y compresión del espacio” (Danwski & Viveiros de Castro) nos encuentran desvalidos, solitarios y desconfiados; sensitiva y cognitivamente exhaustos. “El entorno acelerado por el poder de la tecnología hoy excede cualquier posibilidad de medida humana. Pensemos en la hipersaturación del entorno mediático que está arrastrando la capacidad de pensamiento crítico. La razón humana se encuentra exhausta. La infinita complejidad de los fenómenos satura nuestra capacidad de observación. La sensibilidad, impulsada más allá del dominio de lo propiamente humano a través de su interfaz tecnológica, se ha incorporado a lo inorgánico”, continúa Birardi.
Desprovistos de herramientas de protección colectiva, los escenarios de futuros eco-fascismos son más probables que escenarios de comunidad solidaria. Neoliberalismo, digitalismo y colapso climático son expresión de una misma crisis sistémica y frente a ellos las subjetividades, individuales y colectivas, están perplejas y asustadas. No sabemos si hay o no un mundo, habitable, por venir. No hay ni dioses ni amos sobre los cuales podamos depositar esperanzas de salvación. Vivimos el doble colapso de la naturaleza y de la civilización, y esto es inédito, es lo que tiene de particular este momento. Muchas civilizaciones en el pasado sucumbieron, muchas por crisis ecológicas catastróficas, pero siempre había “otro lugar” para la continuidad de la especie, otro lugar para la reproducción de los genes, otro lugar para reinventar la cultura. En la actualidad, no hay refugio local que nos proteja de la catástrofe generalizada.
Cuesta imaginar el fin porque siempre cuesta imaginar la muerte. ¿Queda la posibilidad de una muerte colectiva digna, sin sufrimiento, sin estertores? Es difícil. Ninguno de los escenarios del desastre son indoloros. Estamos jodidos, como señala Roy Scranon. Muy jodidos, pero quizás imaginar la alta probabilidad del desastre es la condición para restarle probabilidades de ocurrencia. Frente a ello, aquí y ahora: ¿depresión o rebelión?, ¿melancolía o grito?, ¿adaptación o resistencia? Quizás hay que partir del derrumbe y del miedo que es “aquello que sentimos cuando nos acercamos a la verdad”, dice la budista Pema Chödrön. Quizás. Tenemos ante nosotros posibilidades, pero desconocemos sus probabilidades. La campana del señor Gauss se fue al carajo: no tenemos la normalidad necesaria para sustentar modelos predictivos continuos. La discontinuidad catastrófica es la norma. Solo queda rescatar impulsos dis-tópicos positivos, prefigurativos, arriesgados, lúcidos y, por tanto, escépticos. Porque, hagamos lo que hagamos, siempre estaremos en el reino de las paradojas y, por lo tanto, de las soluciones a la vez necesarias e imposibles. Y “cuando algo es necesario e imposible, hay que cambiar las reglas de juego, para inventar nuevas dimensiones”, decía Jesús Ibáñez.

Klaus

El domingo pasado fuimos a los cines Verdi a ver el pase de la película de animación Klaus, producida por Netflix para su plataforma.

La película ha sido creada por The Spa Studios, el estudio del animador y guionista Sergio Pablos, padre de la saga de Gru.

A pesar de ser un animador consagrado, le costó conseguir los fondos para este largo de animación y encontró su fuente principal de financiación en Netflix, que apuesta por primera vez por la creación de un largo animado para su plataforma de contenidos.

Animación 2D con escenas en 3D y unos efectos de iluminación que convierten lo plano en objetos con volumen, más realistas, con más vida, pero con la expresividad y la emoción del 2D.

Los personajes me encantaron, en dibujo y caracterización. La música es perfecta y los colores te trasladan al interior de cada escena. Pero lo que más me gustó fue el guión; la creación de la leyenda de Santa Klaus.

Es una sensación curiosa, el ver una película animada con toques de humor y personajes tan patrios. Nos hemos acostumbrado a que casi todo el cine de animación llegue de fuera y a que sus personajes, sus historias y la ambientación, se basen en culturas que no son las nuestras.

Klaus es producción española y los personajes respiran raíces comunes sin dejar, por ello, de ser una apuesta para distribuir a nivel internacional.

Los que tengáis Netflix, no os la perdáis. Se estrena hoy. No os va a decepcionar.

Las ratas

Hoy hablo de nuevo de una relectura, de la época del instituto, de la que recordaba, solo vagamente, a su protagonista, el Nini. Delibes describe un pueblo del interior de Castilla con tanta vividez que, durante la lectura, parece que estuvieses recorriendo las calles sin asfaltar y las laderas secas y yermas de ese rincón del mundo.

Sus personajes cobran vida con fuerza, con realismo, con la dureza intrínseca de los pueblos de Castilla durante los años después de la guerra, cuando comienza la apertura al turismo, la emigración a los núcleos urbanos y el vilipendio del mundo rural, de sus usos y costumbres y de sus gentes. Entre la desolación, la pobreza, los rigores de una vida empeñada en los designios de una meteorología voluble e impredecible, que puede arruinar la vida de familias completas, surge el personaje de un niño que encarna la inocencia y el bien. El Nini, conectado a la Tierra, entiende a la madre naturaleza y ayuda a los vecinos a sobrevivir en un entorno adverso. Vive en una cueva, junto a su tío el Ratero. Asume su destino sin culpar a nadie, sin rencor, sin ánimo de revancha o codicia. Vive el ahora, acepta sus circunstancias (que son francamente duras) y elige disfrutar y ver la parte buena de lo que le rodea, además de ayudar sin esperar nada a cambio.

Si ‘Diario de un cazador’ era una recomendación, este es casi una obligación: por la maestría con la que está escrito y por que nos habla de nuestro pasado, de nuestra raíces, nuestro orígenes. España, hace solo cincuenta años, era eso. Olvidar de dónde venimos, nos impide saber hacia dónde vamos.
Miguel Delibes publicó ‘Las ratas’ en 1962. En 1952 fue nombrado subdirector del periódico El Norte de Castilla. Empezaron entonces sus enfrentamientos con la censura que no le permitía publicar artículos sobre la realidad del mundo rural castellano. En 1958 le nombran director y su lucha con la censura continúa y se agrava.
Sin embargo, con su obra literaria, Delibes encuentra la vía de denunciar la situación del mundo rural a través de la ficción. Después de que ‘Las ratas’ viera la luz, tras muchas desavenencias con Manuel Fraga, ministro de Información y Turismo en aquella época, Delibes tuvo que dimitir de su cargo en el periódico.
Su voz, su denuncia y su crítica continuaron escuchándose. Comenzó una etapa de proyección internacional que le ayudó a que su mensaje tuviese alcance mundial, un mensaje que sigue vivo, un mensaje que no se quiso escuchar y que nunca encontró apoyo institucional. Si lo hubiese hecho, quizás hoy, el mundo rural castellano no sería un erial, sujeto a leyes y políticas dictadas desde despachos urbanos que ni entienden el funcionamiento de la España rural ni lo comparten ni por supuesto lo apoyan. De las confesiones de Delibes a César Alonso de los Ríos:

«En cierto modo Las ratas y Viejas historias de Castilla la Vieja son la consecuencia inmediata de mi amordazamiento como periodista. Es decir, que cuando a mí no me dejan hablar en los periódicos, hablo en las novelas. La salida del artista estriba en cambiar de instrumento cada vez que el primero desafina a juicio de la administración.

[…] Yo intenté hacer compatible la estética con la denuncia de los problemas. Fue una visión literaria de todo lo que quise decir y no pude. Las ratas, sin ninguna duda, es un libro mucho más duro que los artículos que publicamos en El Norte de Castilla.»

Autor: Miguel Delibes
Nºpags. 174

Konrad o el niño que salió de una lata de conservas

Este año me he matriculado en un curso de escritura infantil y juvenil en la Escuela de escritores y además de trabajar técnicas de escritura, estudiamos los orígenes y la evolución de este sector literario. Dentro de ese estudio, la escuela nos plantea una serie de lecturas y la primera ha sido este libro.

En esta ocasión, os incluyo mi trabajo, acorde a la guía de lectura de la Escuela.

1. ¿Qué edad crees que tiene el lector ideal de este libro y por qué?
Cuando estaba en quinto de primaria leí este libro, así que gracias a vuestra propuesta, he podido desempolvar de la estantería una edición de Alfaguara Juvenil del año 79, volver a leerla y darme cuenta de que no me acordaba de nada.
Por lo que he podido ver en Internet, este título ha pasado al fondo editorial de Santillana y lo publica el sello ‘Loqueleo’. La edad recomendada de la editorial es para niños de más de doce años, sin embargo yo creo que el público objetivo es de mayores de diez. No hay una gran diferencia, pero los doce creo que marcan, en nuestra sociedad, la entrada a la pre-adolescencia y el interés por una temática algo diferente, con más aventura, magia o actualidad/vivencias de ese colectivo. En mi opinión, sin entrar en el trasfondo de la crítica social que no se si llegan a entender los niños, es demasiado sencillo para alumnos de primero o segundo de la ESO. Igual que ‘Las brujas’ está en la colección naranja de Loqueleo, para más de diez años, ‘Konrad’ considero que debería ir en esa colección y no en la azul, teniendo en cuenta que, en mi opinión, ni los de doce ni los de diez, creo que reciban el mensaje crítico de la escritora.
2. ¿Crees que el libro puede ser un mal ejemplo para el lector?
El libro es una crítica social y como tal no creo que suponga un mal ejemplo para el lector. Se parodian las expectativas y percepciones de los adultos, mostrando a Konrad como el niño perfecto, el niño que la mayoría de la sociedad adulta sueña con tener, y al resto de compañeros de clase como gamberros en serie y la pesadilla de una sociedad que busca niños que se comporten como adultos.
La lectura de este libro es muy diferente desde la perspectiva de un adulto y la de un niño. Creo que el mensaje de crítica social no cala entre el público infantil sin un debate posterior. Los niños tomarán partido por los personajes con los que más se identifican. Yo creo que con los compañeros de clase de Konrad (que lo consideran un empollón repelente), quizás con Kitti (que ve más allá de la carcasa fabricaba de niño perfecto de Konrad), con la Señora Bartolotti (que representa el caos y la anarquía que ningún adulto estándar se permite) y al final del libro con Konrad, el rechazado, el maleducado, el que es como todos los niños.
El proceso de ‘deseducación’ de Konrad está justificado para evitar que se lo lleven lejos de las personas que le quieren. No puede ser un mal ejemplo que una amiga ayude a un niño a permanecer junto a sus padres y creo que ese es el mensaje de ese proceso.
3. La mayoría de los personajes de este libro podrían funcionar como caricatura de un colectivo determinado: padres, educadores, niños, agentes de la ley… ¿Estás de acuerdo? ¿Por qué?
Al tratarse de una crítica social envuelta en una aventura infantil-juvenil, la escritora parodia los estereotipos sociales y los tergiversa. La madre es desordenada, impulsiva e irresponsable y el hijo es educado, diligente, ordenado y responsable. En cuanto al resto de personajes; los vecinos, el farmacéutico, los profesores y los compañeros son representaciones exageradas, caricaturas de los clichés sociales y cada uno abandera una característica, una cualidad o un defecto. El cotilleo, el vivir de cara a la galería, la desidia que provoca la rutina, la asunción de un trabajo que se concibe como castigo o el espíritu gregario de los grupos.
Creo que la escritora hace un trabajo magistral creando esos estereotipos caricaturizados, con ligeras pinceladas de personajes secundarios, sin hablar de los defectos de forma directa, sino como algo intrínseco a la historia. No juzga, da por sentado que así es y sus protagonistas, Konrad y la Sra. Bartolotti, lo aceptan y actúan en consecuencia, cada uno desde su prisma y su forma de ser.
4. ¿Piensas que hay intención crítica o moralizante en este libro?
Creo que la intención más clara es la crítica social. La escritora trata de mostrar los defectos de una sociedad individualista reinan la envidia y las apariencias y no existe la cooperación y la empatía.
Es Kitti quien muestra el otro lado del espejo, lo que falta en la sociedad. Son esos rasgos los que creo que la escritora valora y ensalza, junto con el carácter independiente y ajeno a la corriente de opinión, que caracteriza a la Sra. Bartolotti.
Si hay una moraleja en el libro, sería la de actuar sin estar condicionados por la opinión de los demás y ayudar a las personas a las que queremos, aunque suponga ir contra corriente o saltarse alguna norma, que no dejan de ser armazones que no han sido diseñado por nosotros mismos, sino por algún ente imaginario (Estado, sociedad, colegios,…) que no debería tener la capacidad de condicionar nuestras vidas.
5. ¿Qué personaje es el que más te gusta o más te sorprende de este libro?
El que más me gusta es Kitti porque es un alma pura. Aún no ha sido contaminada por las normas sociales y escucha a su voz interior. Defiende lo que cree que es justo y a las personas a las que quiere. Es valiente, bondadosa, inteligente, perseverante, independiente y con criterio propio.
El personaje que más me sorprende es la Sra. Bartolotti, como antítesis del modelo de madre imperante. Es una ‘madre por sorpresa’ y me gusta cómo acepta su maternidad, salida de una lata de conservas, sin cuestionárselo y cómo se mantiene fiel a su forma de ser, disfrazándose solo, cuando es necesario engañar al enemigo.
6. ¿Tienes problemas para creerte la historia?
Ninguno.
Este libro se escribió en 1976 cuando aún no se hablaba de modificaciones genéticas, ni de niños a la carta, por lo que un niño que sale de una lata de conservas, hecho en una fábrica para cumplir unos estándares sociales, unas características pedidas en un formulario por los padres, era un concepto rompedor, casi de ciencia ficción. Sin embargo, casi medio siglo después, los niños a la carta y las modificaciones genéticas forman parte del debate social, moral y legal, por lo que esta parte, que pudiera ser la menos creíble, pasa a ser plausible (no en el mismo formato, pero sí algo similar).
La otra idea que quizás en 1976 fuese difícil de asumir, es la del farmacéutico que decide ser el padre, sin estar casado con la Sra. Bartolotti, ni tan siquiera vivir con ella. La idea y el esquema de familia clásica han cambiado tanto en este tiempo, que tampoco es algo que choque.
7. ¿Recomendarías este libro a un niño?
Sí. A un niño de quinto o sexto de primaria, como lectura para comentar en grupo, ya sea en clase o en familia. Creo que el libro tiene tantos mensajes que, sin no se hablan y se discuten, pueden llegar a quedar ocultos para el niño lector.
Pienso que es enriquecedor que los niños aprendan a tener una mirada crítica y que sean capaces de pensar y crear su propia opinión respecto a lo que les rodea. Me parece que este libro es una puerta que abre ese pensamiento crítico.
Nºpags.:152

American Psychosis

‘No se puede hablar de esperanza, si no se conoce la realidad’.
El periodista Chris Hedges, ganador del premio Pulitzer en 2002, corresponsal de guerra, escritor y activista, habla en este documental, de 15 minutos (de Amanda Zackem), sobre nuestros tiempos; el consumismo, el poder totalitario de las corporaciones y la vida, en una cultura dominada por las apariencias.
Recojo algunas frases que me han llamado la atención junto a una cita que ya en su día utilicé en el ‘Blackout‘ con la que cierro esta entrada,

If hope becomes something you express through ilusion, then it’s not hope, its fantasy.

Si la esperanza se transforma en algo que se explica a través de ilusiones, ya no es esperanza, es fantasía.

The cult of the self, in biblical terms, is a kind of idolatry, everything is about you.

El culto a uno mismo, en términos bíblicos, es una forma de idolatría, todo gira entorno a uno mismo.

The corporate state has made a war against critical thinking and in particular humanities, because humanities is about teaching people how to think rather than what to think, they are about teaching people to challenge assumptions and structures. The discipline of humanites is meant to be subversive.

El estado corporativo ha declarado la guerra contra el pensamiento crítico y en particular contra las humanidades, porque las humanidades son los estudios que enseñan a las personas a pensar, en lugar de decirles qué pensar. Las humanidades enseñan a las personas a desafiar lo preestablecido. Las humanidades son subversivas.

The other thing, the failure to think critical does, is it creates a very frightening historical amnesia, so you don’t know how you got here, you don’t know where you came from.

La otra cosa que, el fracaso para tener pensamiento crítico, consigue es generar una aterradora amnesia histórica, para que no se sepa cómo hemos llegado hasta aquí, ni de dónde venimos.
Como dijo A.Lincoln : ‘Si pudiésemos saber dónde estamos y hacia dónde vamos, podríamos valorar mejor, qué hacer y cómo hacerlo‘.