Dead boys

Paloma González Rubio es una escritora que nunca para de buscar nuevas formas de contar y, como todo en la vida, la práctica lleva a la excelencia.

En Dead Boys nos cuenta la historia de un adolescente de un barrio marginal que termina enredado en una banda juvenil. Un relato duro que muestra una realidad instalada en nuestro entorno desde hace décadas y que cada vez es más frecuente. La novela sorprende y cautiva por la historia, la narración y la estructura.

El personaje principal, en una situación de vida o muerte comparte sus pensamientos a través de un repaso a sus contactos del móvil para desentrañar un dominó de violencia que está siendo investigado por una fiscal de menores y un inspector de policía.

La maquetación, junto a los cambios de narrador, va guiando al lector en la vorágine de los hechos, haciéndole partícipe de la investigación con píldoras de información sobre lo que ha ocurrido; algunas ocultas en los mensajes de móvil que los personajes se han enviado, otras en recuerdos y las de la policía, a través de triangulación, geoposicionamiento y cruce de datos.

El argumento es impecable, la forma de ir atando los cabos de lo sucedido es como una partida de ajedrez, en la que las fichas se van moviendo hasta configurar el tablero en un jaque mate que no puedes ni imaginar cuando empieza la novela.

Las redes sociales, la marginación, la búsqueda de la aceptación, la soledad, la falta de comunicación, el amor, los celos, la amistad, los lazos de familia, las deudas de sangre… Todo mezclado en una historia cruda que hace reflexionar sobre lo que nos rodea, sobre la fina línea que nos separa de la violencia, pero que en cualquier momento puede colarse en nuestras vidas.

Lo leí prácticamente del tirón. A mis hijos les he pedido que lo lean y, desde aquí, lo recomiendo a jóvenes y adultos. Un libro que no sermonea ni adoctrina, pero que abre una rendija en la venda que nos oculta esa verdad incómoda que normalmente mantenemos a raya, lejos de nosotros. Un libro que empuja hacia el pensamiento crítico sobre varios problemas de nuestra sociedad.

Autor: Paloma González Rubio

Nº pags: 248

Editorial: La esfera azul

Arcane

En el mundo de la narrativa transmedia un universo puede ser creado dentro de un videojuego y crecer a otros medios, ya sean escritos o animados. Decía el maestro de animación Hayao Miyazaki que «La creación de un único mundo llega de un enorme número de fragmentos y del caos». Pues esto es lo que ha pasado con el videojuego on-line multijugador LoL (League of Legends), de Riot Games.

Después de muchos jugadores y muchas versiones, salió el libro de Garen: Primer Escudo, de Anthony Reynolds (que ya ha escrito el segundo: Ruination), pero, antes de la segunda entrega en papel, llegó la serie de animación Arcane, desarrollada por Riot Games y el estudio francés, Fortiche Productions.

Hace tiempo que dejé de jugar a videojuegos, así que no puedo opinar sobre LoL, más allá de que, después de 13 años desde su lanzamiento, tiene una base de jugadores activos de 124 millones de personas (ahí es ná). Pero de lo que si puedo opinar es de la serie.

Los nueve capítulos de la primera temporada de Arcane te enganchan hasta el punto de querer verlos en cadena. Tan pronto entras en el mundo de las ciudades de Zaun y Piltover (con estética steampunk y una animación hiperealista, mezclada con garabatos fosforescentes que te recuerdan que estás en un mundo animado), no quieres salir.

El conflicto entre las hermanas Vi y Jinx tiene todos los ingredientes dramáticos que te hacen entender su rivalidad y tomar partido. Y los personajes secundarios abren la puerta a varios arcos argumentales que, me imagino, tendrán su evolución en las siguientes temporadas.

Como apunte, decir que The Game awards 2022 creo una nueva categoría: “Mejor adaptación” para premiar a los videojuegos con adaptación cinematográfica… El premio se lo llevó Arcane.

Muy recomendable.

Ríos con entidad jurídica

Cuando leí ‘Cuchillo de agua‘ me gustó el enfoque de Paolo Bacigalupi respecto a los derechos sobre el agua. Los más valiosos eran los derechos adquiridos por las tribus indígenas, mucho antes de que el agua fuese un bien escaso. Este libro lo leí cuando empezaba a escribir Maherit y, ahora que estoy escribiendo Barkeno, mi investigación ha continuado en torno al agua y me ha llevado a descubrir ríos que han conseguido convertirse en personas jurídicas.

¿Os imagináis cómo cambiaría la explotación de los recursos naturales si tuviesen entidad jurídica? ¿Si dañarlos fuese un delito directo contra una persona, aunque fuese persona jurídica y no física?

Desde hace décadas muchas tribus indígenas luchan por recuperar los territorios que les fueron expropiados durante la colonización de sus tierras para poder restaurar los ecosistemas originales. El mayor caso de éxito en esta lucha lo ha conseguido el pueblo maorí (lo de los maoríes también viene de mi fase de documentación para Barkeno).

En el siglo XIX, la colonización británica de Nueva Zelanda supuso la expropiación de tierras indígenas y la degradación de sus ríos debido a la minería y la agricultura. Esto llevó a conflictos entre los maoríes y el gobierno británico y a una serie de demandas judiciales y negociaciones durante casi 150 años. Hasta que, en marzo de 2017, el gobierno neozelandés aprobó una ley que reconoció al río Whanganui como persona jurídica, otorgándole derechos y responsabilidades equivalentes a los de una persona. Para ejercerlos, le fueron asignados dos guardianes legales que hablan y actúan en nombre del río: un representante del Estado y un representante del pueblo maorí.

El Whanganui se ha convertido en un emblema. Es el primer río del mundo protegido por este mecanismo, lo que implica que dañarlo o contaminarlo es equivalente a atacar a una persona. Una sentencia que sirve de ejemplo y es un antecedente legal (jurisprudencia) para futuros conflictos similares.

Después de la aprobación de la ley del Whanganui, una corte provincial en el norte de la India siguió los pasos de Nueva Zelanda al otorgar personalidad jurídica a los ríos Yamuna y Ganges, ya que consideró que los ríos están vivos, respiran y sostienen a las comunidades que atraviesan.

La lucha legal para conseguir que estos dos ríos tuviesen entidad de persona jurídica también duró décadas ante diversas instancias, incluido un tribunal especial creado en la India en 1975. El acuerdo alcanzado finalmente en 2014, y convertido en ley en 2017, incluyó una compensación de 56 millones de dólares para reparar las acciones y omisiones de la Corona. La ley reconoció al río como “un ente vivo e indivisible, que va desde las montañas hacia el mar, con sus elementos físicos y metafísicos”.

Este tipo de noticias me recuerda al mundo de Maherit y Barkano y me da esperanzas… Quizás seamos capaces de llegar a una comunión con la naturaleza, antes de que sea demasiado tarde.

Barkeno, condensándose

Imagen de Sarah Richter

Desde que terminé de escribir Maherit he estado dándole vueltas a su continuación. Los que lo habéis leído sabéis que la historia no acaba con la la primera novela, no solo por que el final invita a continuar si no por que algunas de las citas con las que abro cada capítulo dejan intuir que Maherit no es la única ciudad transhumanista.

La Confederación existe y la segunda parte (y final de la saga) se desarrollará en Barkeno.

La idea de los círculos del desierto nació en la estepa castellana. Divagando sobre hasta dónde podría llegar la desertización de la tierra donde están mis raíces y cómo sería la vida allí. El mundo imaginario de esta saga germinó en una semilla segoviana que pasó por guerras, aniquilación y un severo desastre medioambiental para crear el mundo distópico de Maherit, en un lugar que bien podría ser la estepa central de la península Ibérica en un futuro imaginario. Por ese motivo, la ciudad que encuentra Elia cuando viaja al sur se llama Maherit, un guiño al nombre árabe de Madrid para situarnos en un marco geográfico similar al de la capital.

Cuando la idea creció, tuve claro que la segunda parte se tenía que desarrollar cerca del mar. Para descubrir otra de las ciudades de la Confederación, Barkeno, y a los círculos del mar: Protectores de la Madre, igual que los del desierto, pero que viven en un mundo de agua.

Dentro de la península, mi viaje me llevó al noreste, hasta el área de Barcelona. Donde viven los círculos del mar y entran en conflicto con otra megaurbe: Barkeno, el nombre íbero de la ciudad condal.

Y aquí entra lo que comenté en mi entrada de Avatar, el sentido del agua. Cuando empecé a documentarme para crear la sociedad de los círculos del mar, la primera referencia que me vino a la cabeza fueron los polinesios, navegantes consagrados que, hace siglos, vivían durante meses en sus barcos. Tienen una estética cargada de fuerza, gracias a sus tatuajes, y unas tradiciones que les ligan al mar y a los seres vivos que habitan en el agua, en especial a las ballenas. Así encontré una película preciosa, La leyenda de las ballenas (de la directora Niki Caro), que narra una historia sobre el vínculo entre los maorís y estos mamíferos.

Después de ver Avatar, que en esta segunda parte nos muestra a los Na’vi que viven en los arrecifes y que llevan tatuajes maorís, me queda claro que he seguido un proceso de documentación similar, aunque yo (menos mal después de ver Avatar) desligué Barkeno de la influencia polinesia.

Cuando avancé en la creación de personajes de Barkeno, decidí que la base para la sociedad de los círculos del agua no fuesen los maorís, aunque algo quedó. En concreto, los jinetes de ballenas inspirados en la película de la leyenda de las ballenas y unos personajes, a los que he llamado anemois, que tienen unos tatuajes alrededor de su boca, similares a los de las mujeres maorís.

La escaleta está y voy por el cuarto capítulo. Espero contaros mi progreso, en el que seguro que no faltan bloqueos (que ya ha habido), sorpresas y cambios sobre el plan.

Avatar, el sentido del agua

Ayer fui a ver la esperadísima segunda parte de Avatar. Trece años para volver a Pandora, pero esta vez con un plan programado: cada dos años, Cameron nos traerá una nueva secuela hasta sumar un total de cinco en 2028.

Vuelve a ser espectacular. La animación parece real, la historia nos descubre a los na’vi del agua y los cuatro hijos de la pareja de Sully-Neitiri acercan la película a un público más juvenil, con el que creo que el director pretende crecer en los próximos 6 años, hasta la entrega final de Avatar 5.

La historia tiene fuerza y emoción, los jóvenes de la película la aportan en grandes dosis y las ballenas también. Quizás parte de mi entusiasmo por la película es el sesgo que me produce el mar y sus bichos, en especial las ballenas y en particular las jorobadas, en las que están inspiradas las ballenas de Pandora.

Si tuviese que ponerle un pero, sería que la estructura argumental es muy parecida a la de 2009. El antagonista vuelve a ser el mismo (no hago spoilers de cómo) y el conflicto también. Quizás el motivo es que han pasado muchos años desde el primer lanzamiento y era necesario recordar la historia al espectador (sin repetirse demasiado) para ahondar en las siguientes entregas en distintos puntos de vista y en un arco narrativo más amplio, que evolucione y sorprenda.

A mí, me ha venido bien volver a tomar contacto con unos personajes para los que también han pasado 13 años y que nos muestran una Pandora incluso más cautivadora que la que descubrimos en 2009.

Mientras veía la película, me acordé de mi propia fase de documentación para escribir la continuación de Maherit – Los círculos del desierto, que ya anticipo se titula Barkano – Los círculos del mar.

Pero esto da para una entrada completa que prometo escribir en los próximos días. Mientras, os recomiendo verla. Espero que no seáis de los que dicen que de las tres horas, le sobran dos.

Mutantes

Desde hace tiempo hay una idea que me ronda la cabeza: ¿qué pasaría si el ser humano evolucionase de forma diferente en distintos puntos del planeta? ¿Tendríamos distintas especies conviviendo en la Tierra? ¿Seríamos capaces de convivir en un mundo de mutantes?

Este artículo sobre la evolución del cromosoma Y habla sobre la investigación en la degradación del cromosoma Y. Algo que está ocurriendo en el ser humano, pero que tiene más historia entre mamíferos de distintos lugares que han evolucionado a especies diferentes.

Si el cromosoma Y desaparece y se crea un nuevo cromosoma para definir el sexo humano, ¿cómo sería nuestra sociedad? Un mundo en el que ya no hay hombres (XY) y mujeres (XX), sino zetas.

Habrá que dejarlo reposar, pero es una idea que da para mucho…

Unsupervised

Si hay una realidad alternativa, quizás una máquina/IA pueda mostrárnosla.

Refik Anadol

Inteligencia artificial y mecánica cuántica para crear al último artista que expone en el MoMA. Se llama Unsupervised y con sensores de movimiento en la sala y sensores de climatología fuera, crea imágenes secuenciales que combinan la ‘enciclopedia’ del arte con que se ha entrenado a su IA, bajo sus propios criterios de interpretación.

Su creador es el turco Refik Anadol. Un trabajo espectacular.

Documentales distópicos

Los medios han dado una vuelta de tuerca a la información. Ya no solo hablan de actualidad, si no que se aventuran a crear escenarios distópicos. ¿Con qué fin?

Últimamente he visto varios de estos documentales cortos, no más de 15 minutos, que lo que buscan es crear una opinión presente sobre leyes que están en el tablero de juego en distintos países o en las organizaciones supranacionales.

Por una parte hacer pensar sobre las consecuencias de determinados desarrollos tecnológicos está bien: genera capacidad crítica y alerta de lo que podría suceder en el futuro. Pero, ¿qué pasa si este tipo de información futurista persigue conseguir una manipulación masiva?

El viejo dicho de ‘mejor prevenir que curar’ puede ser un arma de doble filo cuando, utilizando el miedo a desastres futuros, conseguimos modificar el presente por una senda preestablecida desde el poder.

+ Guerras del futuro

La ridícula idea de no volver a verte

El marido de Rosa Montero murió en el año 2009. Cuatro años después, aún en su propio duelo, a la autora le hicieron llegar el diario de Marie Curie, el que escribió tras la muerte de su marido, Pierre Curie. De esa lectura nace esta novela, una reflexión existencial sobre temas que en ese momento danzaban por la cabeza de la escritora.

Cada uno de los temas tiene su hashtag, con un índice al final del libro: #Ambicion, #Coincidencias, #CulpadeLaMujer, #HonrarAlPadre, #LugarDeLaMujer… Y el tema central de la pérdida de un ser amado y de cómo te hace sentir.

La escritora no busca compararse con Marie Curie. Expone lo que fue su vida, desde el estudio de distintas biografías, y lo que debió sentir tras perder a su esposo, su amigo, su confidente, su colega de investigación. Este intentar recrear lo que fue, la lleva a reflexionar sobre su propio yo. Y comparte esas reflexiones de forma magistral. Rosa Montero construye una novela que suena a confidencias. A una charla delante de un café (#Intimidad es uno de sus hashtags).

Desde el momento en que la empiezas no puedes parar de leer. Sería como interrumpir a tu interlocutor cuando te está abriendo el alma y empatizas con lo que cuenta. Reflexionas y quieres más.

He disfrutado con el libro entero, pero me gustaría compartir tres pasajes que me han llegado de forma especial.

Con los años, tengo la creciente sensación de que hay una continuidad en la mente humana; de que, en efecto, existe un inconsciente colectivo que nos entreteje, como si fuésemos cardúmenes de apretados peces que danzan al unísono sin saberlo.

p. 142

El arte en general, y la literatura en particular, son armas poderosas contra el Mal y el Dolor. Las novelas no los vencen (son invencibles), pero nos consuelan del espanto. En primer lugar, porque nos unen al resto de los humanos: la literatura nos hace formar parte del todo y , en el todo, el dolor individual parece que duele un poco menos. Pero además el sortilegio funciona porque, cuando el sufrimiento nos dobla el espinazo, el arte consigue convertir ese feo y sucio daño en algo bello.

p.119

Para vivir tenemos que narrarnos; somos un producto de nuestra imaginación. Nuestra memoria en realidad es un invento, un cuento que vamos reescribiendo cada día (lo que recuerdo hoy de mi infancia no es lo que recordaba hace 20 años); lo que quiere decir que nuestra identidad también es ficcional, puesto que se basa en la memoria. Y sin esa imaginación que completa y reconstruye nuestros pasado y que le otorga al caos de la vida una apariencia de sentido, la existencia sería enloquecedora e insoportable.

p. 117

Seguro que estas navidades se lo regalo a alguna amiga para que no encuentren la excusa de no leerlo.

Autor: Rosa Montero

Editorial: Booket

Nº pags.: 240

Ojos de dragón II – Maldición

En septiembre empecé la trilogía de Ojos de Dragón. Como todas las sagas que leo, intento dosificar su lectura para no llegar a ese momento en que la terminas y los personajes salen de tu vida.

Este segundo libro mantiene el estilo y la estructura del primero. La aventura vuelve a estar protagonizada por Orlando, a quien se unen personajes del primer libro y nuevos. Hay alianzas que se rompen, viejos enemigos y nuevos amigos que no siempre son lo que parecen.

De los dos que me he leído, cada uno cuenta una aventura concreta que ayudará al protagonista a conseguir su objetivo final, muy al estilo de los de Harry Potter.

Deseando saber cómo acaba el viaje de nuestro héroe Orlando y qué nuevas aventuras le esperan en la tercera entrega.

Es un libro para haber leído la primera parte, pero como comenté cuando empecé la saga, muy recomendable para edades entre 9 y 11.

Autor: Santiago García-Clairac

Nº pags.:276

Editorial: Narval